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martes, 20 de abril de 2021

La alegoría del padre, el hijo, y el tortazo

Caso hipotético uno: imaginad cien hogares familiares, con cien padres, y cien hijos pequeños (tipo 3-4 años, etapa esponja mental). Cada uno de esos cien padres, en un momento dado, le dice a su propio hijo "te voy a enseñar una lección", y va y le propina un tortazo. No hace falta que sea una piña a rodabrazo ni nada que pueda considerarse un maltrato gore; simplemente, le da un tortazo. La escena hipotética podría o no repetirse a lo largo de varios días, pero creo que todos estaremos de acuerdo con lo siguiente: de los cien niños, una mayoría aprenderán la lección de que, si no están alertas, se pueden llevar un tortazo. Si la escena hipotética se repite, probablemente el número de "lecciones aprendidas" aumentará exponencialmente.

Caso hipotético dos: imaginad que después de un par de años (los niños todavía son esponjas), esos cien padres se van a sus respectivos hijos, y les dicen "lo que te hice hace dos años era solo un experimento, nunca más voy a pegarte; puedes dejar de estar en guardia delante de mí". Precioso, bonito, muy romántico todo -y sigue siendo muy hipotético. Los cien padres, en efecto, cumplen con lo dicho, y no vuelven a pegarle a su vástago nunca más, salvo a alguno que diga alguna cochinada en la mesa. Ahora yo os pregunto: teniendo en cuenta que en pocos días, casi todos esos niños aprendieron a estar alertas cada vez que veían a su padre cerca, ¿cuántos de esos niños desaprenderán esa conducta? Alguno, no lo dudo. ¿Una mayoría que crecerá de forma exponencial a cada día que no se lleven un tortazo? Eso, sí lo dudo. Probablemente, la mayoría tardaría meses o años en volver a ver a sus padres con los mismos ojos inocentes, a pesar de seguir teniendo esponjas cerebrales.

Es muy básico lo que vengo a contar aquí, y sin embargo, es algo que a la mayoría se nos olvida: lo negativo se aprende rápido, y se notifica rápidamente; lo positivo se tiende a ignorar. Forma parte de la naturaleza de los animales, pues si algo te hiere o te sienta mal, tratarás de hacérselo saber a tu tribu para que aprendan, y para que se puedan adaptar a tiempo. Por el contrario, si algo bueno te ocurre, no tendrá -normalmente- la misma repercusión, pues a menos que estés descubriendo la pólvora, tu grupo social tenderá a desconfiar de lo nuevo. Lo nuevo da miedo a menos que esté envuelto en una caja de regalo tan, TAN bonita, que te permita sobreponerte a tu propia programación genética.

¿Por qué cuento esto? Primero, porque me gusta soltar filosofadas y plantear hipótesis, ya lo sabéis. Segundo, porque quiero que dejéis de echar mierda por redes sociales, ya no vivimos en el medio natural, y esta clase de medidas ya no tienen fines productivos. Tercero, porque quiero que dejéis de echarle cuenta y de repetir los mensajes de odio de los más mediocres.  Sí, esos a los que luego votáis. Y sí, sé perfectamente que esto es también una manera de echar mierda, pero es sutil, divertida, y pienso que es más constructiva que destructiva.

viernes, 12 de marzo de 2021

La peor prisión

La imagen de cabecera me encanta porque es muy representativa de un cambio que se está dando cada vez más en nuestra sociedad. Todos hemos visto esas campañas publicitarias de chichinabo, ¿verdad que sí? "No pienses tanto las cosas"; "siente con intensidad"; "siente, vive, ¡sé feliz!". Obviamente no estoy queriendo decir que "sentir" sea algo malo, ni que se deban pensar las cosas hasta la extenuación (que tampoco es algo bueno), pero como para casi todo en esta vida, en el punto medio está la virtud. Como creo que ya he dicho en alguna ocasión, me gusta representar a la racionalidad como la parte de nuestra mente que lleva a la productividad, mientras que la emocionalidad es la que nos empuja a nuestra animalidad y mediocridad salvo casos excepcionales (desde un punto de vista productivo, pues también es la que alimenta nuestra felicidad y nuestra tranquilidad). No me apetece ahondar mucho en estos puntos porque ya lo he hecho en otras ocasiones, de modo que lo abordaré de una manera más práctica, con un caso hipotético. Aclaro de antemano que el caso hipotético va a estar exagerado, pero lo haré así para darle más vidilla.

Imaginemos que Charo (personaje ficticio, pero nombre escogido a posta) un día se levanta con ganas de... poco. Sencillamente coge el móvil, empieza a tirarle para abajo al Facebook, y se queda quieta en un anuncio random con muchas caras sonrientes, jóvenes saltando, y rayos de sol. "Sé feliz, siente cada día como si fuese el último, ¡no pienses en el mañana, que vives en el hoy!". El caso es que ese día Charo está muy receptiva, y por algún motivo el anuncio random le cala muy hondo. Charo tenía un examen de la facultad en un par de semanas; no era un examen difícil, pero se lo quería preparar con tiempo... hasta que vio el anuncio. "Jo, ¡qué rollo!", se dice Charo. "A mí lo que me apetece es sentir y ser feliz, estudiar solo me causa aburrimiento en el hoy", se insiste Charo. Resumiendo, Charo no llega a presentarse al examen porque dejó pasar los días yéndose de cañas y/o acariciando a su gato. Lo que Charo no sabía era que aquello solo sería la punta del iceberg de una cadena de acontecimientos que le vendrían a lo largo de los años, o mejor dicho, una cadena de acontecimientos que ella decidió aceptar.

A base de suspender, Charo se dijo que no servía para estudiar. La carrera la frustraba, y decidió dejarla porque estudiar no le daba felicidad "en el hoy". "Mucha gente se ha hecho rica dejando los estudios, eso no sirve para nada". Al principio estaba algo motivada a encontrar trabajo; "aunque sea algo pequeñito, se empieza por abajo", se dijo. Su primer trabajo (que le tomó meses encontrar) fue en una cadena de comida rápida. Los primeros días fueron bien... muchas meteduras de pata, pero como era la nueva y sus compañeros eran pacientes, no hubo demasiado problema. A la tercera semana, sin embargo, la gente empezó a hartarse de que no estuviese al nivel de exigencias que se le pedían. A la cuarta, lo dejó. "Este trabajo es una mierda, el encargado me habla mal y me hace sentir mal", se dijo Charo. "Si me siento mal, es que está mal", se insistió Charo. A medida que el tiempo la fue convirtiendo en una parada de larga duración, se vio con 20, con 23, y con 25 años. El sofá ya tenía la forma de su culo; el mundo laboral era cruel e incorrecto, pues no respetaba su forma de ser, no la dejaba ser feliz "en el hoy"; algunos de sus amigos empezaban a tener trabajos mejores o peores, a subir fotos de sus viajes a China y Polonia posando como los del anuncio random. "¡¿De dónde sacan el dinero?!", se preguntó Charo. ¡Qué SUERTE tenían algunos!

Y bueno, por resumir, Charo siguió su vida sin llegar a nada, pensando que todo estaba mal salvo ella, y echando pestes de todo. Nunca quiso volver a aprender ni a esforzarse, no consiguió mantener un trabajo por más de dos o tres meses, y cuando sus padres dejaron de poder cubrirle las espaldas, se vio sin nada... bueno, sí tenía algo: una adicción a sentir. ¿El problema? En su situación, lo que más a menudo sentía era frustración y cabreo, y en aquella espiral autodestructiva de solo sentir y nunca pararse a analizar, acabó siendo una de tantos cuyo deporte favorito es sobrevivir con cuatro perras pagadas en negro. Al llegar a los 65 (porque logró sobrevivir mucho así), se vio sin nada cotizado, y su respuesta fue "ayyy pobrecita yo, que el Estado no me paga una jubilación en condiciones, ¡con todo lo que me he esforzado!".

No quiero que esto parezca una crítica a muchas personas que llegan a la jubilación con una mano delante y una detrás, pues ciertamente hay muchísimas personas que SÍ se han esforzado y acaban comiéndoselas la mierda porque, en efecto, en nuestro país hay muchas cosas mal montadas. A donde quiero llegar es a informar sobre ese bucle tan peligroso y dañino que nos venden las grandes empresas de publicidad: "siente, siente y siente", que en traducción a un mundo no idealizado, significa "consume, consume y consume". Haciendo un resumen (reconozco que esta publicación me ha salido un poco improvisada), si te centras en el "siente todo lo que puedas", eso te hará un mediocre de larga duración. El mediocre de larga duración tenderá a trabajar peor, pues es menos competitivo. Siendo poco competitivo, no conseguirás o conservarás un buen trabajo. Cuando veas que la vida no es como te la vendieron, te frustrarás. Y... esa frustración sinergizará de una manera pasmosa con tu hiper-entrenada capacidad para sentir, una combinación que como podrás deducir, no será la más bonita, ni la que te vendieron en el anuncio random. Y un ciudadano frustrado y cabreado, no solo será alguien que resta mucho y que aporta poco, sino que además será alguien que encuentre increíbles facilidades a la hora de justificar sus peores praxis cívicas ("¡¡eso no pasa ná, lo hace todo el mundo!!").

viernes, 26 de febrero de 2021

Educación académica vs. social

Voy con uno de esos "granitos de arena" de los que me gustan, mensajes concisos que, pienso, toda persona de bien debería tener asimilados en su cabeza. Cualquiera que me conozca un poquito me habrá oído decir que uno de los principales problemas de España (y en general del mundo civilizado, pero aquí más) es lo lamentable de la educación. Que sí, que la investigación y la sanidad también están muy mal, pero lo que de verdad rige sobre todo lo demás al final, es la educación. Una educación mediocre creará políticos mediocres, y estos tomarán decisiones mediocres que joderán todo el resto de asuntos importantes.

Ahora voy a incidir en una cosa que parece crear algo de confusión en según qué personas. Cuando yo hablo de que "falta educación" no me refiero solo a la educación académica (que también), sino a la educación social. Que sí, que todos hemos visto los vídeos del YouTube en los que algún iluminao saca el micrófono y todos nos reímos de la española que no sabe que Madrid es la capital de España, pero aunque tengo entendido que la cosa va a peor (parece ser que la crisis de la COVID-19 ha hecho que se repartan muchos aprobados generales y demás aberraciones), lo cierto es que la educación académica no es TAN mala como cabría esperar, atendiendo a resultados. Los recién titulados salen como es normal que salgan: sin experiencia (que adquirirán cuando empiecen a trabajar) y con muchos conceptos en la cabeza dándose patadas a los que ya irán dando forma.

Pero insisto, esto no es a lo que yo me refiero cuando hablo de "falta de educación". Obvio que la educación académica es fundamental, pues es la que te va a servir para llevar a cabo tus funciones profesionales, por así decir, durante 8 horas al día (el 33% de tu tiempo de vida útil sin contar vacaciones, que se dice pronto); pero, ¿y la educación social? No es lo mismo sujetarle la puerta a un anciano porque así le estás haciendo un favor, que hacerlo por quedar bien; no es lo mismo pagar impuestos sabiendo que sirves a un bien común, que por miedo a acabar en chirona; no es lo mismo votar a un político porque "chilla muy bien" y dice lo que te deja la oreja calentita, que porque propone cosas (en su programa electoral, no en su discurso político) que se alineen con los intereses y necesidades del país.

La educación social, que es algo complejísimo, y que bien requiere de años de ESFUERZO ACTIVO DIARIO para lograr un verdadero crecimiento personal, es lo que te hará distinguirte entre un ciudadano que obtiene satisfacción por servir al desarrollo de su especie (porque no olvidemos que cada día se diluye más el concepto individualizado de nación), o un mierdaseca que solo hace cosas buenas cuando tiene miedo a llevarse una multa. La mentalidad del susodicho mierdaseca, que como ya he dicho en infinidad de ocasiones, no tiene por qué ser "mala" de por sí, sencillamente es nuestra naturaleza más emocional y primitiva tirando para atrás, restándonos productividad, y haciéndonos velar por los intereses de uno mismo a base de pereza y mediocridad, y que buscará justificarnos constantemente por el poder de las excusas más apestosas ("lo hace todo el mundo", "nadie me mira, así que puedo", o el clásico "en negro cobro más", seguido de "no me ha quedado pensión, qué desgraciado soy...").

El tema está en que la educación social no viene en los libros de lengua y literatura, o de matemáticas, sino que es algo que se enseña en las casas de pequeño y no todo el mundo tiene la misma suerte con los padres que le tocan. Reconozco que no sé cómo está ahora mismo el elenco de asignaturas en los colegios e institutos, pero recuerdo que hace ya bastantes años (cuando estaba aquel individuo que llamaban ZP) se quiso introducir una asignatura en los colegios llamaba "educación a la ciudadanía", y que generó muchísima controversia porque en según qué sitios se quiso utilizar para adoctrinar a los futuros ciudadanos y cosechar votos desde las cunas (lo cual, huelga decir que es repugnante). De otra parte, la educación social también se puede conseguir por cuenta propia de la manera que dije antes: por esfuerzo activo diario una vez empiezas a ser independiente. Pero claro, si de pequeño no te han inculcado una mentalidad de esfuerzo, y si te sobresaturan la mente a base de redes sociales, vídeos de 2-3 minutos (que 4 ya son muchos), memes, y aplicaciones de quita y pon en el móvil, ¿cómo demonios podrías esperar que salga de ti el cultivar la mente? Sencillamente no tiene sentido.

Y como no quiero que se me eternice la publicación, desde la comodidad de mi silla mando una propuesta que nadie con capacidad de decisión en el tema leerá: invertir más en educación, con vistas a poner en plantilla a profesores mejor formados, más motivados, y con ganas de arreglar las cosas; profesores dispuestos a romper esquemas y a luchar por meter una o dos asignaturas útiles en cada año académico para amueblar cabezas. Saber multiplicar, y saber que la mitocondria es la central energética del organismo está muy bien, pero hay que saber distinguir entre las disciplinas académicas que van enfocadas a una cultura general (las que te dan quesitos del Trivial, como historia, lengua, biología...), las que van enfocadas a una especialización y a la obtención de competencias útiles en tu futuro (niveles más avanzados de muchas asignaturas), y las que sirven para amueblar la cabeza y desenvolverse como ciudadanos (como ética, filosofía, o incluso economía, la cual no tuve ocasión de estudiar hasta que llegué a un máster).

jueves, 22 de octubre de 2020

Siempre adelante, nunca in-adelante.


He tenido una semana tirando a jodida, y no precisamente por difícil, que ha sido todo lo contrario, sino porque incluso siendo fácil, me ha costado mantener el ritmo por problemas de sueño (nada especial ni resaltable). El caso es que ahora me viene un puente de puta madre, y como en este mismo momento estoy bastante agotado y se me han bajado las "barreras", me he decidido a hacer una publicación un poco distinta y en este preciso momento, ya que si me paro a pensarlo o espero a mañana, sé que pensaré un "anda ya" y no lo haré. Aunque en esta etapa de mi vida sé que estoy creciendo mucho como persona, también siento que cada vez se me atrofia más la capacidad de transmitir emociones, y eso no es bueno. Esta publicación, pues, va a ser para mí un ejercicio emocional, y para ello, me toca abrirme un poquito.

No es ningún secreto (aunque pocos lo sabrán) que siempre he sido muy miedoso. Da igual que parezca un vikingo de más de metro ochenta... el caso es que al final la que rige es la cabeza, y yo siempre he sido muy cagazas. Obviamente, esta vulnerabilidad (que dicen que hay que llamarla así) va mejorando día a día, pero lo cortés no quita lo valiente. Una de las consecuencias de ser así es el hecho de que, desde que tengo uso de razón, recuerdo haber tenido sueños bastante perturbadores con cierta frecuencia (poca, pero constante), y eso, cuando no eran directamente pesadillas bien gordas. Es bastante lógico, ¿no? Si eres miedoso, le tienes miedo a más cosas de lo habitual, y por lo tanto, es más fácil que sueñes con cosas a las que tienes miedo. Aunque he llegado a tener etapas (cortas) en las que literalmente me daba miedo hasta el irme a dormir (hablo de cuando era muy chico), en general esto es algo que he llevado bastante bien, sobre todo a partir de cierta edad. Lo cierto es que esta clase de cosas son las que hacen crecer a uno, y como dijo Tyrion Lannister (palabra arriba o abajo), cuando asumes y aceptas algo negativo de ti, es cuando puedes empezar a utilizarlo como una armadura.

Pero bueno, me estoy desviando del tema del que quería hablar. Como decía al principio, en esta etapa de mi vida (vivir solo, por mi cuenta, haciendo un doctorado y con las riendas totales de mi vida) siento que estoy creciendo mucho. De hecho, jamás me habría imaginado que una de las cosas que más me harían crecer era aquello que, durante casi toda mi vida, había considerado que era algo innecesario, por no decir que incluso estúpido: ir al gimnasio. Dicen que cuerpo y mente son uno y... pues oye, que a modo resumen, es verdad. Te ves más fuerte, más grande, el cuerpo te pesa menos, las cosas te dan menos pereza, y ganas seguridad en ti mismo a base de disciplina y fuerza de voluntad (porque, oh sí, da un HORROR DE PEREZA irse al gimnasio, incluso si lo tienes en la puerta de casa como yo). Bueno, pues el tema es que mis idas al gimnasio se componen de dos partes: entrenamiento funcional, y kickboxing . Y con este último es con el que voy a enlazar todo.

¿Recordáis lo de los sueños jodidos y las pesadillas? Algunos de ellos suelen (o mejor dicho, solían) terminar como en las pelis, en un punto de terror en el que se disparan las alarmas y acabo despertándome. Y aquí viene lo chulo: ¿sabéis qué? Que en los últimos cuatro o cinco meses... esto está cambiando. Obvio que sigo teniendo esos sueños perturbadores, pero el matiz "pesadillesco", como que va desapareciendo. Lo que antes habría sido (por poner un ejemplo) un pandillero viniendo a intimidarme o a atacarme, se va convirtiendo poco a poco en una situación diferente. Si bien estas situaciones siguen apareciéndose en mis "viajes oníricos", ya me ha pasado en más de una ocasión que, en lugar de hacerme un ovillo y quedarme a verlas venir, me veo a mí mismo estudiando a la persona que tengo enfrente. En concreto, ha habido ya dos sueños en los que me he visto a mí mismo liándome a piñas con el susodicho indeseable, y aunque todavía no sé si esto podría ocurrir así en la vida real, joder, qué bien sienta darle la vuelta a las tornas y tomar el control de la situación. Aunque sea solo un sueño, convertir una situación de tensión/miedo en algo positivo por medio de un directo-directo-crochet-mawashi-ura mawashi geri, está a otro nivel. ¿Qué ha cambiado? Sencillamente, que ahora siento que PUEDO, y antes no.

Y bueno, como al principio dije que esto era para mí un ejercicio emocional, antes de cerrar, quisiera dedicar unas palabras a los que han hecho esto posible. Siempre he pensado que la figura del maestro/profesor/mentor/etc es una de las más admirables y nobles que existen en este mundo, pues aunque muchos se olvidan de ello, no dejan de ser personas que dedican su vida a enseñar a otras personas a crecer. Por ello, y sin olvidarme de los compañeros de kickboxing, le dedico en especial esta publicación a Rober, mi maestro, ese tío que una vez me sacó el aire de un puñetazo en el estómago y acabé en el suelo por puro novato, pero que ahora, aunque sin dudas podría hacerlo de nuevo porque es un máquina, seguro que le costaría un pelín más de trabajo. Igualmente, y aunque las clases que me ha dado han sido menos, estas palabras aplicarían también para Eutimio, dueño del gimnasio y maestro sustituto cuando falta Rober; tío simpático, paciente y comprensivo donde los haya. Y como actualización, a 29 de abril de 2021, quisiera incluir también a Rosa por sus clases de entrenamiento funcional; tras un mes un poco duro de adaptación a esas clases tan intensas, noto que también voy mejorando, que tengo más fondo, y que con su paciencia y perpetua sonrisa todo sigue, en general, hacia adelante. Un abrazote para todos, en especial para los tres mencionados, y muchas gracias.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Cosas que hacen que moles


Crecimiento personal, autoestima, seguridad en uno mismo... todas son cosas que, si bien son diferentes, van cogidas de la mano. No voy a hablar aquí sobre que hagas ejercicio, o vivas el hoy, pues Internet está que se viene abajo de publicaciones sobre estos temas. Precisamente por ello, quiero hacer un pequeño recopilatorio de pequeñas cosas que considero que son muy útiles para el día a día, que ayudan a que tomemos el control de nuestras vidas de una manera firme, y que NO SUELEN APARECER en esta clase de publicaciones.

1) Ten un objetivo: tener un sueño o una meta en la vida es muy útil para ir dando pasos hacia él, especialmente si es una cosa creíble. Hay muchas personas que cuando salen de lo que está marcado sobre raíles (colegio->instituto->estudios superiores o no...) se quedan medio bloqueadas porque nadie les ha enseñado qué deben hacer después, no tanto por esto mismo, sino por el hecho de que hay TANTAS opciones, que puede resultar abrumador enfrentarse a ellas. Si tienes un objetivo en mente, te será más fácil focalizarte, pues mientras estés dando pasos hacia tu sueño estarás contento contigo mismo, incluso si sabes que es posible que nunca lo alcances.

2) Ponte pequeñas trabas: ojo con este, que es fácil de malinterpretar. El mundo moderno nos lo da todo fácil y al instante (menos el dinero), y eso hace que nos volvamos perezosos. Desde cosas tan tontas como usar zapatos con cordones en vez de con velcro (sí, hay zapatos con velcro...), hasta proponerte cocinar tu comida a menudo y tirar poco de precocinados, todas estas pequeñas cositas te harán crear hábitos y ser cada día un pelín menos perezoso, lo que te llevará a ser poco a poco más productivo. Pero como decía al principio, ojo; se trata de utilizar esta medida para tu bien, no para bloquearte. Las trabas crean frustración, y cuando la frustración se vuelve excesiva, en lugar de motivar, hace todo lo contrario. Moderación aquí.

3) Ten a un Dmitri en tu agenda: coges el móvil, miras la agenda y ves dos Antonios, tres Manolos, un Javier, cinco Anas y dos Jorges. El enunciado de este apartado es de broma, obvio. No quiero decir con esto que literalmente te vayas a hacer un nuevo amigo ruso (aunque mola que te cagas tenerlo), sino a que tengas pequeños detalles en tu vida que te den un sentimiento de exclusividad. Si todo lo que haces lo haces para seguir tendencias, estarás cumpliendo con la necesidad innata del ser humano de pertenecer a una tribu, pero a corto/medio plazo esto te irá absorbiendo más y más hasta que te conviertas en uno del montón. No se trata tampoco de convertirse en un malsano hipster que viva por y para el postureo, que para mí es incluso peor que lo anterior, pero tener pequeños detalles en tu vida que te hagan sentir especial te servirán de una manera pasiva a cultivar la personalidad y a distinguirte. Igual te mola ir de traje y con un pañuelo de seda en el bolsillo; igual te gusta pregonar por redes sociales detalles sobre tus "jueves de pizzas". Dicho de otra manera: crea uno o varios memes en torno a ti, y hazlos especiales. Esas cosas atraen, y ayudan a mejorar la autoestima.

4) Céntrate en lo positivo: piénsalo, ¿qué tienen en común casi todas las personas a nivel mental? Viven con un elevado nivel de frustración, y echan muchas horas a la semana tratando de desahogarse. Muchos echan pestes de la política sin tener posibilidades factibles o, siquiera, intenciones, de cambiar nada; la mayoría echa pestes de su turno de trabajo demasiado a menudo, pero pocos harán algo para promocionar o mejorar su situación. Desahogarse está bien... pero con mesura. La mente humana está diseñada para estar preparada para el peligro que acecha, y eso hace que nos centremos en las cosas negativas y que nos acordemos mejor de ellas. ¿Y si hablas sobre ese tío bueno que te has cruzado en el metro? ¿Y si compartes tus sueños con tus colegas, en lugar de tus frustraciones? Te costará un poco de trabajo al principio, pero te aseguro que merece la pena.

Iba a escribir 5, pero la verdad es que me han quedado unos párrafos bien grandotes y creo que está bien por hoy. Quizás algún día retome esta publicación...