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jueves, 28 de enero de 2021

No me da la vida...


Hoy he escuchado "yo ya no contagio porque he pasado el COVID; al estornudar, echo anticuerpos, no virus".

Eso lo ha dicho una persona, joven, y con estudios superiores. Y lo ha dicho en serio.

Y luego os extrañaréis de los terraplanistas, de los que se quitan la mascarilla para hablar por el móvil, y de los que no creen en el advenimiento de Cthulhu.

viernes, 20 de noviembre de 2020

¡Y sigue la cruzada contra las telefónicas!

Hacía ya mucho que no echaba mierda sobre una compañía telefónica, y eso, yo, no lo puedo permitir. La siguiente historia sigue de manera directa el relato del anterior capítulo, solo que un año más tarde:

https://federicadas.blogspot.com/2019/12/continua-la-cruzada-contra-las.html

Sabía yo que se aproximaba una fecha que tengo bajo control. Realicé la portabilidad de la que os hablé a costa de volver a hipotecar mi libertad económica bajo pena de multa por un año (lo que se suele llamar "contrato de permanencia"), pero oye, tengo que reconocer que me hicieron una oferta bastante buena. Así pues, tras 11 meses de disfrutar de una nueva oferta, y sabiendo que tenía unas vacaciones próximas, me propuse que utilizaría parte de ese tiempo para arreglar el asunto, ya fuese contratando una tarifa inferior (no necesito 600 megas de fibra...), o incluso estudiando la posibilidad de una nueva portabilidad.

Iluso... (en parte, que me salí con la mía)

Ayer estaba yo por casa de tranquis, cuando me llama un número de Valencia. Mi compañía telefónica: que saben que en dos semanas vence mi oferta, y que quieren proponerme una contraoferta. Durante este año he estado pagando unos 40€ al mes por un servicio que (SEGÚN DICEN ELLOS) vale 65€, de modo que me ofrecían una tarifa aún más potente (mismas megas, pero más gigas para el móvil) por una pequeña subida hasta 43€, pero ya no tendría permanencia y el precio ya no sería de una promoción, sino que se quedaría como precio base. Pues oye... inicialmente sonaba de puta madre, para qué os voy a engañar.

Pero me acordé... es una compañía telefónica.

Dije que aunque la oferta era buena, justamente iba a proponerles lo contrario: pagar menos, y recibir menos megas. El tío (que lo llamo así por la situación, pero la verdad es que fue majísimo) ni se lo pensó, ya estaba preparado: 38€, 300 megas, y se queda fijo, sin permanencia. Me quedé callado unos minutos... le hice repetir las condiciones 2 veces más, para asegurarme de que no me querían colar nada raro. Y... acepté, porque me iba a ahorrar un viaje a la tienda, porque me quitaba el problema de encima, y porque al fin y al cabo, era una de las opciones que yo quería.

Y bueno, pues diréis vosotros: ¡quejica, si te salió bien y sin moverte de casa!, ¿dónde está la pega? Si habéis seguido los otros capítulos, ya os podréis oler la tostada. Primero, decir que QUÉ CASUALIDAD que desde hace dos semanas, el internet me ha empezado a dar problemas tras un año yendo finísimo (confinamientos incluidos, que hubo mucho más tráfico de red). Segundo, decir que tengo la más absoluta y completa seguridad de que si me hubiese peleado un poco (cosa que yo no hago porque lo considero indigno), habría podido arañar 2 ó 3 euros mensuales menos. Tercero, que teniendo en cuenta el segundo punto, estoy casi completamente seguro (y digo casi porque hay que dejar lugar a la duda) de que ese servicio de 38€ que quizás podría haber conseguido por 35 o así, no creo que a ellos les cueste más de 4 ó 5 mantenerlo funcionando.

¡Ah! Y la guinda del pastel: al hacer el cambio de tarifa, dejaron de funcionarme los datos móviles. Llamé al servicio técnico, me lo solucionaron super rápido (sorprendido me hallé), pero en el mientras tanto, que tuve que decir el modelo de mi móvil para que me dijeran qué hacer para arreglarlo, ya me habían intentado colar un contrato de permanencia nuevo porque mi móvil "era muy bueno, pero ya viejito".

Y por ello, a pesar de que las quejas que tengo de esta compañía telefónica son, a nivel puramente empírico, nulas (y por eso no voy a decir el nombre por ahora), no me voy a cortar en decirlo: piratas, estafadores, carroñeros, ¡cabrones!, ¡cabrones!

viernes, 13 de noviembre de 2020

Cosas de un viernes 13

 


Anoche me crucé con el meme de arriba, y me decidí a hacer la gracia. Le escribí a mi directora de tesis porque hoy nos tocaba ir a Valladolid a hacer unas pruebas, de modo que le dije haciéndome el asustado que si lo podíamos dejar para otro día (de coña, obviamente). Nada, se rio y ahí se quedó el asunto... poco sabíamos.

Resulta que vamos al curro a primera hora y a ella se le habían olvidado unos papeles, de modo que hubo que volver a su casa para recogerlos. Hasta aquí todo bien, es solo un traspiés de 10 minutos... pero ya iba el día apuntando maneras. Cogemos la Kangoo, el que posiblemente sea el trasto más viejo de todo nuestro centro de trabajo aunque se le tenga algo de cariño. Llegamos a Valladolid, empezamos a preparar las cosas para la prueba... todo bien, un ratillo allí de trabajo y alguna risa.

La hora del café. Resulta que en la central de Valladolid tienen dos complejos de edificios un poco alejados (tardas unos 7-8 minutos andando entre uno y otro), de modo que para ir a la cafetería sale mejor coger el coche. Montamos en la Kangoo... y no arranca. Y no arranca. Y... sigue sin arrancar. En estas que para por allí uno de los de mantenimiento (otro Fede, por cierto; lo llamaremos Fede 0.5 porque creo que es más mayor). Se pone a hacer unas pruebas y tal, y deduce que muy posiblemente sea un problema de la electrónica del coche. Que va a intentar arreglarlo, que nos vayamos a tomar el café en otro coche que tenía él ahí preparado. Total, que nos vamos a montar en el coche y... no arranca. Y no arranca. Y... sigue sin arrancar. Momento what the fuck. Nosotros ya pensando en si tendríamos que volvernos a Segovia en autobús o algo. Literalmente me ofrecí a bajarme del coche y probar, para ver si estaba yo gafado o algo... Todo esto que se cuenta en unas líneas tomó unos cuantos minutos, de modo que nos planteamos volver al curro y tomarnos aunque fuesen unos míseros picos. "¡Que no, hombre!", nos dice uno de los compañeros de allí, "¡que os llevo yo en mi coche!", nos insiste. Este sí arrancó, menos mal.

En el corto trayecto bromeamos sobre lo de la noche anterior y los comentarios sobre ser viernes 13. Anécdota arriba y chascarrillo abajo... "Cuando pasan estas cosas, hay que dejarse llevar y ver dónde acabas", dije yo, de broma. "Pues ya sabes, ¡habrá que comprar lotería!", dijo mi directora. Llegamos a la cafetería (abierta en estos días debido a, teóricamente, que es legal abrir "cafeterías de centros de trabajo"). "Un café y un bocadillo de beicon y queso", dije yo. ...Iluso... es viernes 13. "Qué va... no tengo beicon hoy", me dice el tío del bar. Momento dramático de síndrome de adaptación post-estrés.

Sigue pasando el tiempo, entre cafés y bocatas de tortilla y pimiento (muy ricos, por cierto). En estas que llegan otros compañeros a la terraza del bar. Contamos la anécdota, jijí y jajá... La conversación continúa y evoluciona. De pronto, escuchamos de fondo a uno de ellos decir un: "pues yo ayer compré ya un décimo; cada año los venden desde más temprano". Y... lo habéis adivinado. Llamo a uno de mis compañeros del día a día (del centro de Segovia), y cinco décimos que han caído a pagar entre unos y otros. Fijo que nos comemos los mocos a dos manos, pero... oye, que yo lo veo como una inversión en una anécdota graciosa.

La cosa no se extendió mucho más, o al menos no con detalles que os vayan a divertir a vosotros. Terminamos las pruebas... me atreví a coger la Kangoo (que ya funcionaba, cortesía de Fede 0.5) y no nos matamos en el viaje de vuelta... y al fichar, volver a casa, y relajarme, sabía lo que debía hacer: huevos, patatas fritas, y beicon; mucho, mucho beicon.

jueves, 22 de octubre de 2020

Siempre adelante, nunca in-adelante.


He tenido una semana tirando a jodida, y no precisamente por difícil, que ha sido todo lo contrario, sino porque incluso siendo fácil, me ha costado mantener el ritmo por problemas de sueño (nada especial ni resaltable). El caso es que ahora me viene un puente de puta madre, y como en este mismo momento estoy bastante agotado y se me han bajado las "barreras", me he decidido a hacer una publicación un poco distinta y en este preciso momento, ya que si me paro a pensarlo o espero a mañana, sé que pensaré un "anda ya" y no lo haré. Aunque en esta etapa de mi vida sé que estoy creciendo mucho como persona, también siento que cada vez se me atrofia más la capacidad de transmitir emociones, y eso no es bueno. Esta publicación, pues, va a ser para mí un ejercicio emocional, y para ello, me toca abrirme un poquito.

No es ningún secreto (aunque pocos lo sabrán) que siempre he sido muy miedoso. Da igual que parezca un vikingo de más de metro ochenta... el caso es que al final la que rige es la cabeza, y yo siempre he sido muy cagazas. Obviamente, esta vulnerabilidad (que dicen que hay que llamarla así) va mejorando día a día, pero lo cortés no quita lo valiente. Una de las consecuencias de ser así es el hecho de que, desde que tengo uso de razón, recuerdo haber tenido sueños bastante perturbadores con cierta frecuencia (poca, pero constante), y eso, cuando no eran directamente pesadillas bien gordas. Es bastante lógico, ¿no? Si eres miedoso, le tienes miedo a más cosas de lo habitual, y por lo tanto, es más fácil que sueñes con cosas a las que tienes miedo. Aunque he llegado a tener etapas (cortas) en las que literalmente me daba miedo hasta el irme a dormir (hablo de cuando era muy chico), en general esto es algo que he llevado bastante bien, sobre todo a partir de cierta edad. Lo cierto es que esta clase de cosas son las que hacen crecer a uno, y como dijo Tyrion Lannister (palabra arriba o abajo), cuando asumes y aceptas algo negativo de ti, es cuando puedes empezar a utilizarlo como una armadura.

Pero bueno, me estoy desviando del tema del que quería hablar. Como decía al principio, en esta etapa de mi vida (vivir solo, por mi cuenta, haciendo un doctorado y con las riendas totales de mi vida) siento que estoy creciendo mucho. De hecho, jamás me habría imaginado que una de las cosas que más me harían crecer era aquello que, durante casi toda mi vida, había considerado que era algo innecesario, por no decir que incluso estúpido: ir al gimnasio. Dicen que cuerpo y mente son uno y... pues oye, que a modo resumen, es verdad. Te ves más fuerte, más grande, el cuerpo te pesa menos, las cosas te dan menos pereza, y ganas seguridad en ti mismo a base de disciplina y fuerza de voluntad (porque, oh sí, da un HORROR DE PEREZA irse al gimnasio, incluso si lo tienes en la puerta de casa como yo). Bueno, pues el tema es que mis idas al gimnasio se componen de dos partes: entrenamiento funcional, y kickboxing . Y con este último es con el que voy a enlazar todo.

¿Recordáis lo de los sueños jodidos y las pesadillas? Algunos de ellos suelen (o mejor dicho, solían) terminar como en las pelis, en un punto de terror en el que se disparan las alarmas y acabo despertándome. Y aquí viene lo chulo: ¿sabéis qué? Que en los últimos cuatro o cinco meses... esto está cambiando. Obvio que sigo teniendo esos sueños perturbadores, pero el matiz "pesadillesco", como que va desapareciendo. Lo que antes habría sido (por poner un ejemplo) un pandillero viniendo a intimidarme o a atacarme, se va convirtiendo poco a poco en una situación diferente. Si bien estas situaciones siguen apareciéndose en mis "viajes oníricos", ya me ha pasado en más de una ocasión que, en lugar de hacerme un ovillo y quedarme a verlas venir, me veo a mí mismo estudiando a la persona que tengo enfrente. En concreto, ha habido ya dos sueños en los que me he visto a mí mismo liándome a piñas con el susodicho indeseable, y aunque todavía no sé si esto podría ocurrir así en la vida real, joder, qué bien sienta darle la vuelta a las tornas y tomar el control de la situación. Aunque sea solo un sueño, convertir una situación de tensión/miedo en algo positivo por medio de un directo-directo-crochet-mawashi-ura mawashi geri, está a otro nivel. ¿Qué ha cambiado? Sencillamente, que ahora siento que PUEDO, y antes no.

Y bueno, como al principio dije que esto era para mí un ejercicio emocional, antes de cerrar, quisiera dedicar unas palabras a los que han hecho esto posible. Siempre he pensado que la figura del maestro/profesor/mentor/etc es una de las más admirables y nobles que existen en este mundo, pues aunque muchos se olvidan de ello, no dejan de ser personas que dedican su vida a enseñar a otras personas a crecer. Por ello, y sin olvidarme de los compañeros de kickboxing, le dedico en especial esta publicación a Rober, mi maestro, ese tío que una vez me sacó el aire de un puñetazo en el estómago y acabé en el suelo por puro novato, pero que ahora, aunque sin dudas podría hacerlo de nuevo porque es un máquina, seguro que le costaría un pelín más de trabajo. Igualmente, y aunque las clases que me ha dado han sido menos, estas palabras aplicarían también para Eutimio, dueño del gimnasio y maestro sustituto cuando falta Rober; tío simpático, paciente y comprensivo donde los haya. Y como actualización, a 29 de abril de 2021, quisiera incluir también a Rosa por sus clases de entrenamiento funcional; tras un mes un poco duro de adaptación a esas clases tan intensas, noto que también voy mejorando, que tengo más fondo, y que con su paciencia y perpetua sonrisa todo sigue, en general, hacia adelante. Un abrazote para todos, en especial para los tres mencionados, y muchas gracias.

martes, 13 de octubre de 2020

Otro sueño estrafalario


Hoy he tenido otro de esos sueños que bailan peligrosamente en el filo de la navaja, entre lo que podría ser catalogado como un sueño emocionante y con chicha, y lo que podría ser llamado pesadilla rocambolesca.

En estas que estaba yo en un día normal y corriente... o mejor dicho, en noche cerrada. Total, que suena la vibración del móvil y me despierta. Pum, alarma del curro indeterminada (cosa graciosa, porque esta semana no estoy yo de guardia), conque me toca vestirme y tirar para allá. Cosas del reino de Morfeo, resulta que en este caso las instalaciones de mi trabajo no eran como son en el mundo real, sino que eran una especie de búnker al que había que acceder por medio de una propiedad privada. ¿Qué propiedad privada? Pues empecemos con el despliegue de absurdeces: la susodicha no era otra que la casa de mi jefa. O sea, no mi jefa/administradora, que se llama Ana, sino mi jefa/jefa, otra señora con la que apenas tengo contacto en el día a día y que se llama Sara. Para más inri, la casa de Sara (en la que no he estado nunca) tenía el aspecto de la casa de mi difunta abuela, que para quien no lo sepa, es una casa de pueblo bastante enorme y bastante de puta madre.

Pues nada, que por aquí comenzó el estrés. Tal como voy entrando en el acceso al búnker de las instalaciones de trabajo (que se entraba por el cuarto de baño de mi abuela), me asomo por una ventana y veo a una comitiva de saqueadores. Era una hilera de no menos de veinte personas que estaba llevándose de todo: muebles, dinero, joyas... a saber de dónde las sacaban, porque esa casa está medio vacía hoy día. Viéndome superado por la situación, llamo por teléfono a mi jefa/administradora Ana y se lo explico. Me dice con toda la calma del mundo:

-OK, ¿¿pero los peces están bien??

-Pues no sé, ¡ni siquiera he entrado en las instalaciones aún!

-Vale, ahora llamo a la policía. Tú ve a mirar los peces.

Os ahorraré un puñado de estresantes detalles que poco os aportarían (alarmas, carreras inagotables por pasillos secretos que no existen en el mundo real, instalaciones de nuestro centro que parecían más bien de la NASA con algún que otro acuario gigante de por medio, etc...). Miro al móvil de nuevo, y veo que la alarma provenía de la sala 7. Cosa graciosa, porque es la única sala de nuestras instalaciones que no tiene alarmas activadas... pero eso para otro día. Me voy a la sala 7 y me encuentro con que la mitad de los tanques están desbordándose, y las tencas (dato curioso del día: tenemos tencas en esa sala), peleándose por no morir ahogadas. Aquí ya la escena se tornaba extravagante en extremo, pues salía agua hasta de unos acuarios vacíos que tenemos allí, e incluso de lugares que directamente no podían expulsar agua, como los botones que sirven para manejar las bombas de agua... todo muy loco. Y yo, en medio del meollo, y muerto del estrés.

A todo esto que nunca llegué a colgar la llamada...

-¿Cómo lo llevas, Fede?

-Pufff... ¡está saliendo agua hasta de los botones!

-¡¿Cómo va a salir agua de los botones?!

Fede le manda a su jefa un vídeo de agua saliendo de los botones.

-Ahh... sí... eso nos pasó una vez cuando estábamos solo dos allí trabajando... No te preocupes, tienes que ir arriba y darle al magnetotérmico de la enfriadora.

Fede sube corriendo para arriba, a darle al magnetotérmico de la enfriadora. Otro dato curioso del día: la sala 7 no tiene enfriadora, que yo sepa. Pero eso para otro día.

En ese momento me desperté. No por estrés o miedo, sino porque me despertó un ruido. Me levanto, miro... no hay nadie (normal). "Habrá sido el viento", aunque la ventana estaba cerrada. Bebo agua; hago un pisiño; me vuelvo a dormir.

Y... vuelvo al mismo puñetero sueño (sí, esas cosas que pasan en las pelis).

Llego a las enfriadoras, y me cruzo de frente a Sara, mi jefa/jefa. O sea... no era Sara, porque tenía una cara totalmente diferente. Pero las cosas de los sueños, ya sabéis.

-¡Sara! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Que te están robando la casa!

-Bueno, bueno, las cosas una por una, que ya ha llamado Ana a la policía. No te estreses, vamos a mirar el magneto primero.

Total, que miramos el magneto (que no es el malo de los X-men, sino un interruptor). Efectivamente, el magneto, o mejor dicho, el automático para este sueño, estaba para abajo. Lo pongo bien, y la alarma se para.

De aquí para adelante el sueño siguió siendo igual de loco, pero por algún motivo la sensación de estrés fue decreciendo (cosas de la fisiología del sueño, ¡vaya usted a saber!). Nos fuimos de nuevo para la sala 7, la mitad de las tencas habían vuelto solas a sus tanques, y la otra mitad las devolvimos nosotros, sacadera en mano. Llegó Ana, llegó la policía, volvimos para la casa y nos topamos de pleno con los ladrones (que, sorpresa, resultaron ser gitanos... qué sueño más racista :/ ).

Y poco más, de aquí en adelante la cosa se fue calmando con tan solo algunos detalles lovecraftianos de por medio, como tentáculos saliendo de las paredes y algún que otro mosquito gigante. Todo de lo más normal. Un ratete más charlando con los policías y echando a los ladrones, y sonó el despertador. Fin. Ya podéis seguir levantando el país.

lunes, 31 de agosto de 2020

Desfogante misiva a un soplapollas

Ya sabéis que andarse con hostilidades y cabreos no es lo mío, hasta las fedepataletas las suelo poner en clave de humor. Pero como dijo un sabio... el blog es mío, y me lo follo cuando quiero. Hoy toca.

En mi camino al trabajo (corto, 6-10 minutos según si es ida o vuelta) hay 2 rotondas que catalogaría como conflictivas: una de ellas por escasa visibilidad, y otra de ellas por tener bastante tráfico en hora punta. Hablemos hoy de la segunda de esas rotondas, y de una hora bastante punta como son las 14:15. Debo admitir antes de lo que viene que llevo menos de 2 años con coche, y aunque conducir en Segovia me ha creado ya bastante maña para el tema de salir en primera y en cuesta arriba... las cosas como son, es algo en lo que soy todavía un poco lento (aunque hace meses ya que no se me cala). Pues resulta que para entrar en esa rotonda hay una cuesta arriba, lo que dificulta el tiempo de reacción.

...Me dejo de preámbulos, voy con el relato.

Llego a la rotonda y había mucho tráfico, más del habitual. Miro a izquierda y derecha y

*PIIIIIII*

Ni tres segundo, ya me ha pitado el soplapollas de atrás. Presionado, intento buscar el momento de salir. En esas que veo un poco de hueco, pero resulta que en las otras dos salidas de la rotonda (las que no son ni la que yo voy a coger, ni de la que yo vengo) veo por el rabillo del ojo que hay dos coches de policía, con sendas patrullas. Me da un poco de canguele, dudo dos segundos, y el hueco que vi, pues se ha ido.

Espero... cinco segundos más. Contando, habrán pasado NADA MENOS QUE DIEZ SEGUNDOS desde que me paré.

*PIIIIIIIIII*

El soplapollas considera que yo debo arriesgarme por él a comerme una multa, pues hay no uno, sino dos guardias controlando el tráfico. Van pasando coches, pues es una rotonda muy concurrida y yo no entro por la avenida principal.

Lógico y normal tener que esperar un poco.

Se abre un nuevo hueco, uno de esos que aprovecharía alguien con experiencia al volante, pero no yo, pues podría provocar un accidente, o como poco, comerme una multa, ya que hay dos guardias a menos de 20 metros de mí.

*PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII*

No es toque de humor. El pitido del soplapollas esta vez fue más largo y más agresivo. Impropio de mí, empiezo a alzar el brazo derecho para hacerle un corte de mangas hacia atrás.

¡Qué a gusto me habría quedado!

Pero se abrió un hueco, uno más hecho para mí. Meto primera, salgo para la derecha. Sigo con mi vida, más cabreado que treinta segundos atrás.

Desearía que esta carta llegue al soplapollas retrasado que iba detrás de mí en la rotonda, ya que deseo hacerle llegar dos mensajes: uno, que siento mucho haberle robado quince segundos de vida (obviamente, estoy siendo irónico); dos, que ojalá me lo cruzase por ahí con la mala ostia que me ha dejado, no ahora, sino en el momento de los hechos. No le deseo la muerte, ni siquiera dos merecidos tiritos en las rodillas. ¿Una buena patada por el lateral del corvejón de mulo ese que gasta? Oh, eso sí; y más, hasta partirle los meniscos. A lo mejor así la próxima vez, sabiendo que está obligado a ir lento, decide salir tres minutitos antes para no ir con tanta puta prisa.

Soplapollas, subnormal, pedazo de asno, bestia impaciente. Y sobre todo, ¡imbécil!

viernes, 17 de abril de 2020

El ramo tránsfobo y machista.


Hoy vengo con una anécdota de las bien sabrosas. La entonaré en clave de humor y la cerraré con una moraleja, pues la alternativa sería darle la importancia que en realidad tiene, y eso sería bastante deprimente para una publicación que busca entretener y hacer pensar.

Sigo de cerca un chat. Dicho chat se compone de bastantes personas (más de cien) de las cuales diría que son, EN GENERAL, bastante normales, racionales, y respetables, con la salida del tiesto ocasional e inevitable que puede ocurrir entre tanta gente. Bien... pues el caso es que hará dos semanas entró una persona que supe desde el principio que iba a ser conflictiva. Chica trans que, tristemente, cumplía (aparentemente, al menos) con todo el estereotipo hembrista que estamos hartos de ver a día de hoy (o sea, las ovejas negras del feminismo real y respetable). Por resumir, diré que en su primerito día, a mí, que me considero tremendamente suave y diplomático, me armó un cirio y me dio a entender que no podía ser FACTIBLE que hubiese cosas en mi pasado comparables en gravedad a las que ella ha vivido. ¿Motivo? Que ella es una chica trans. Así, tal cual. Lo gracioso es que en media hora se disculpó, y en otra media hora hablando conmigo por privado, volvió a cogerme asco y soltó por el chat (público de nuevo) una aclaración pasivo-agresiva que solo yo podía entender, apelando en clave a que no se había equivocado en su juicio inicial sobre mí.

Tras esa introducción, voy con el meollo. Anoche se lió el gran pifostio gracias a la susodicha. Podría poner aquí una transcripción de la conversación, que fue en su mayor parte relativamente respetuosa, si bien, de nuevo, bastante pasivo-agresiva, pero por cuestión de respeto y decencia hacia los involucrados y su intimidad, os ofreceré un resumen: la muchacha hizo alusión a cómo todo el porno que existe está pensado para hombres cis. ¡Pum! Y se quedó tan ancha. No debe conocer la regla 34 de Internet. Empezó a pedir formas de encontrar lo que ella llamaba "porno feminista", que tras pedirle una definición, calificó como "porno entre hombre y mujer en el que la mujer disfrute y no sea solo una figura de deseo" (o sea, que tampoco le valía el lésbico). La conversación se fue calentando, y tras muchos y divertidos vocablos y declaraciones como "cisheteronormativo", "comida machista", o "el porno solo ofrece estereotipos machistas y una educación sexual afectiva penosa", y tras tirarse muchos trastos a la cabeza unos y otros (sobre todo ella a los demás), y de hacerse muchas declaraciones obvias como que "un pene no hace a un hombre", apareció en la conversación la imagen que he puesto en la cabecera.

De más está decir que me partí el ojete cosa bárbara. Le pregunté por privado al chaval que colgó la imagen, y me dijo que la puso por poner, que ni siquiera tenía sentido la cita.

Me partí el ojete cosa bárbara por segunda vez.

El caso es que la muchacha, ya le saldría de inercia, dijo que el mensaje era transfóbico, y que le daba asco. Le pregunté por qué. ¿Qué parte de la cita es la que te ha ofendido exactamente?, le dije. Respondió que hacer alusión a la relación directa entre hombre y pene. Le pregunté que si no tenía nada que decir sobre la parte del ramo, y me dijo que no, que esa parte no tenía sentido.

Y tras este y otros horrendos ataques del estilo (que nos encargamos POR SI ACASO de aclarar que eran humor negro), la susodicha optó por hacerse la víctima y marcharse del chat (hice palmas con las orejas). ¿Lo más gracioso del asunto? Que detrás de ella se fueron dos más, una diciendo que no soportaba la falta de empatía que teníamos algunos, y otro diciendo que nos revisáramos las actitudes machistas, tránsfobas y el humor.

Y hasta aquí llego, que lo que empezó como un relato morboso ha acabado por hacerme sentir sucio; ahora, la reflexión:

De más está decir que ni de cerca estoy criticando a las personas trans ni al colectivo LGBT (el cielo me libre...), sino a la tendencia más o menos natural que existe en la humanidad a caer en la polarización. La susodicha no es más que un ejemplo más del "si no estás conmigo, estás contra mí", ya que para ella no había términos medios; todas sus aportaciones al chat eran o "qué chuli tu gato", o "eso es tránsfobo y machista", parecía un auténtico estereotipo con patas y, lejos de parecerme ridícula o lamentable, voy a decir que lo que más me transmitía era lástima. Y no lástima de "qué patética, me das lástima", como dicen los malos de las pelis, sino lástima de "pobrecita, es una víctima más". Y no una víctima de los malvados machistas que discriminan a las personas trans, sino una víctima de la tendencia más arriba descrita: la polarización.

La polarización es una repugnante estrategia que los políticos de todas las épocas han utilizado desde siempre para facilitar la colaboración hacia ellos de determinados colectivos, por medio del enfrentamiento con otros colectivos a base de premisas simplistas. "Mi dios es el único legítimo"; "¿una mujer que no reza? debe ser una bruja, quemémosla"; "el comunismo lo es todo"; "esos sucios sociatas van a vender nuestro país a Venezuela"; "esos putos fachas defienden el machismo heteropatriarcal"; y un largo etc.

Cada día que pasa me doy más cuenta de que la personalidad es un don del que no disponen todos, es algo difícil de conseguir, aun más difícil de cultivar, y todavía más difícil de conservar, pues la sociedad y los que nos rodean se encargan de juzgarnos a todos lo suficiente como para someter a las mentes más débiles (que son mayoría). Dicho esto, debo admitir que yo también caí en un poco de polarización durante la conversación de la que hablé antes, pues no soy ningún superhéroe. Es verdad que la muchacha llevaba unos cuantos días tocándome las narices y que estaba deseando que se largara, lo que me hizo ponerme un poco más bromista de la cuenta, pero al mismo tiempo, aclaro que hubo muchas veces en las que me cargaba de paciencia y la intentaba hacer pensar. Sin éxito. Pues nada, chica... oféndete, que eso sí que parece que se te da bien; espero y deseo que algún día madures, o serás una desgraciada toda la vida, es algo que ya he visto ocurrir antes.

Antes de cerrar, dos declaraciones:

-Aunque ya lo he dicho, no tengo absolutamente nada en contra de los LGBT, ni siquiera en contra de la gente polarizada y/o sin personalidad. Doy por hecho que son una mayoría abrumadora, y que hay que convivir con ellos. Es responsabilidad de todos (también de ellos) el dar educación, y hacerles ver que hay algo más que unos cuantos miles de aliados y un porrón de millones de enemigos a su alrededor. Como me gusta decir, todos somos y dejamos de ser ciudadanos mediocres de manera intermitente.

-A la parte más oscura del colectivo LGBT, es decir, los hembristas radicales; sí, esos que no saben que son ellos, pero que curiosamente se darían por aludidos y se ofenderían si leyeran estas palabras... con todo mi cariño: ¡DESPERTAD! ¡OS ESTÁN HACIENDO TRABAJAR GRATIS PARA GANAR DINERO Y CREAR AGENDA POLÍTICA! ¡CADA DÍA QUE PASÁIS ASÍ, ODIÁIS MÁS AL MUNDO, Y EL MUNDO OS ODIA MÁS! ¡CREÁIS Y PERPETUÁIS EL PROBLEMA QUE DECÍS QUERER ERRADICAR!

lunes, 6 de abril de 2020

Momentario lapso de indignación


Antes de comenzar... minipunto a quien pille la referencia de la imagen pixelada de arriba.

Recuerdo haber tenido una conversación con una antigua profesora mía allá por 2014, o sea, que hace ya sus añitos. En dicha conversación, dado que ella era mi tutora del TFM, recuerdo que hablamos sobre imprecisiones del lenguaje, y de cómo solucionarlas usando la RAE. En tan señalado momento como aquel, le dije que la RAE sin dudas era una herramienta muy útil, pero que no se la debía tomar al pie de la letra, ya que había algunas palabras totalmente legítimas que no estaban aceptadas, como el caso de la palabra "teletransporte". ¿Su respuesta? Que tal palabra quizás no estuviese aceptada por uno de dos motivos: o porque no existía en la realidad aún, o porque era una palabra compuesta de un prefijo ("tele-"), y una palabra ("transporte").

Hoy, muchos años después, me ha dado por recordar aquella conversación, y me ha dado por buscar de nuevo la susodicha palabra. ¡Cuál ha sido mi sorpresa al encontrar esto!


Dicho de otra manera: la RAE nos anima educadamente a no tangarnos durante estos señalados días de cuarentena, clausura, o teletrabajo, pues deja una definición correcta e irrebatible.

Pero no para teletransporte.

No... el teletransporte no existe.

...Ya... porque esa es la causa de que no esté en la RAE...


...En fin... me voy a zurrir mierdas con un látigo.

lunes, 23 de marzo de 2020

El caso del macho ibérico.


>>Hoy, en Jara y Sedal...
>>...Aullidos en el Matorral...
>>En estas que voy al Mercadona.
>>En coche, ida y vuelta, con guantes y todo.
>>Buen ciudadano, el tío.
>>El Mercadona, con mejores controles que algunos bancos.
>>...Bravo, señor Roig.
>>Ya de vuelta, voy con el coche por la calle.
>>Y... lo veo.
>>Varón panzudo en sus cincuenta y pocos.
>>Andar despreocupado, mirada firme.
>>Imposible saberlo, pero seguro que llevaba una cadena de oro.
>>Y... llevaba una mascarilla.
>>...Y... No la llevaba puesta en la boca.
>>...Y... la llevaba por encima de la frente.
>>...Agarrada a las orejas, pero puesta como si fuera una boina.
>>Eso sí, en la mano, un puro encendido.
>>Seguro que al terminar de fumar, se bajó la mascarilla.
>>...Como un buen ciudadano.
>>...Final del informe.

domingo, 26 de enero de 2020

Carta a una pasivo-agresiva.



He estado unos días fuera de juego por una visita al hospital. A modo resumen, hubo una pequeña complicación, pero todo ha salido bien al final. El caso... es que durante esos días tuve una experiencia un tanto amarga (y muy fugaz), pero dado que no quiero salpicar ni humillar a nadie, me limitaré a dar los datos estrictamente necesarios, con matices filosóficos de los que me gustan. Y para hacerlo más entretenido, lo escribiré en forma de carta, aunque va dirigido a alguien que, muy probablemente, nunca llegará a leerla.

Estimada cirujana de guardia:

Me gustaría hacerle llegar unas palabras tras mi estancia en el hospital en el que usted trabaja. Lo cierto es que, en su inmensa mayoría, el trato que he recibido allí ha sido extraordinario en cuanto a amabilidad. En cuanto a calidad y ética profesional... por desgracia no ha sido tan bueno, si bien ha sido suficiente (esto, aún, no va por usted). Sin embargo, es en este punto de la amabilidad en el que quiero centrarme, pues quizás sea usted la única que ha constituido la excepción que confirma la regla.

Lo sé... no debe ser fácil evaluar un caso clínico siendo un médico de guardia, no teniendo acceso a un correcto seguimiento (pues usted solo me vio durante un día), y teniendo en cuenta que usted debía tratar con muchos otros pacientes en solitario. Sin embargo, considero que hay cosas que usted no hizo del todo bien, y como las críticas constructivas son una gran bendición, aquí vengo con mi granito de arena. Aunque pueda parecer que me burlo o que me meto con usted, nada más lejos de la realidad.

Usted vio mi caso dos veces: la inicial, al comienzo del día, y otra a última hora. En la primera ocasión me dijo usted (palabra arriba o abajo) que "si yo lo consideraba adecuado, la mandase llamar al final del día para evaluar la evolución de mis lesiones, en cuyo caso, trataría de encontrar tiempo en su agenda para hacerlo". Esto fue, en efecto, lo que yo hice, pues por motivos que aquí no considero adecuado plasmar, me hallaba en unos días de elevada incertidumbre y quemazón mental, y deseaba cuanta más información mejor sobre mi caso. Sin embargo, lo que debió ser una sencilla revisión, se convirtió en algo... dejémoslo en "más violento de lo deseable" (tampoco es que fuese algo extremo, ¿eh?), y a continuación describiré el por qué.

Usted llegó a mi habitación (y la de mi compañero, pues no estaba solo) tirando a tarde, con las luces ya apagadas (esto, OBVIAMENTE, no es un problema, es algo habitual en los hospitales). No le diré que vino gritando y dando pisotones, porque no fue así, pero era fácil percibir que estaba usted, cuanto menos, algo quemada y molesta (desconozco si por estar en medio de una guardia intensa, o por el motivo que a continuación describo). Tras llegar, detalles y palabras arriba o abajo, extraje como importantes 3 cosas:

-Se quejó (suavemente) de que usted no me había dicho que vendría a verme si la llamaba, sino que lo haría si disponía de tiempo. A esto añadió (tras un adormilado "vale" por mi parte), que en boca de la enfermera, "nosotros habíamos sido muy insistentes". Mi respuesta a este punto: tiene usted razón, puede que yo tergiversase sus palabras, y que quienes estaban conmigo y yo mismo fuésemos un tanto intensos a la hora de solicitar su presencia. Como defensa diré lo mismo que antes, que estaba en unos días complicados por la incertidumbre (y sobre todo el día anterior al acontecimiento aquí señalado).

-Tras hacer la exploración, me dijo usted que "todo estaba igual, como yo mismo podría haber visto". Esta fue la primera alarma real que saltó en mi cabeza. Graciosamente, como veterinario de formación que soy, sé evaluar un hematoma como el de mi caso. Sin embargo... ¿de verdad cree usted que en mi situación como paciente se me puede pedir que evalúe mi propio caso? No me explayaré más aquí... tan solo diré que fue la primera señal que, más allá de mi habitual paranoia, me hizo confirmar su estado de cabreo general.

-En general, y a lo largo de la visita, mantuvo usted un estado bastante tenso: gestos fuertes, tono de voz algo alterado (si bien dentro de lo correcto), exploración rápida y algo brusca... y sobre todo, el detalle de irse sin dejarme tiempo a contestar más que un par de "vales", y de dejar las luces encendidas y la puerta abierta. Incluso si su estado de cabreo hacia mí estuviese justificado (cosa que pongo en duda), ¿de verdad cree que eso le da motivos para fastidiar a mi compañero de habitación? Porque yo estaba en situación de levantarme y apagar... pero mi compañero era un señor de edad avanzada, y bastante jodido...

En fin, a pesar de que esto pueda parecer una pataleta (que en parte, lo es, pues es una de las funciones de los blogs), el motivo real de esta publicación es hacer algo de crítica constructiva. Usted es una doctora relativamente joven (desconozco su edad, pero no creo que llegue a los 35), y el hecho de ver en usted una conducta tan amarga por un detalle, a mis ojos, tan nimio como el de ser insistente en que sacase tiempo para, al fin y al cabo, hacer su trabajo, créame si le digo que me apena. Sí, me apena, no me molesta. ¿Sabe por qué? Porque estas son las cosas que van destruyendo la paciencia de los profesionales lentamente. Si usted cede a esos impulsos pasivo-agresivos desde una edad tan temprana y con tanta facilidad, es muy probable que de aquí a diez años sea uno de esos doctores cabreados con el mundo, que se limitan a hacer su trabajo (muchas veces, mal), por haber perdido una vocación que, en principio, es de las más nobles que existen.

Total, y a modo resumen: en el remoto caso de que llegue usted a leer estas líneas, y de que sepa que van dirigidas a usted, le ruego que aprenda a tomar aire. Tal vez sea usted una víctima del sistema (ya sabemos que la sanidad pública tiene demasiados pacientes para demasiados pocos profesionales), pero en lugar de cabrearse con el paciente para crear nuevas víctimas, quéjese a quien tiene la culpa de verdad. Y en última instancia... al menos dialogue; habría sido tan sencillo como dejarme cinco segundos para decir un "lo siento" a lo de la insistencia.

Sin rencores, un cordial saludo,

Fede.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Otro sueño perturbador.



He vuelto a tener uno de esos sueños que me hacen despertarme con una sensación de "what the actual fuck, Fede?". En este caso, no era tanto el sueño en sí, como la naturaleza del mismo, un poco del rollo de un rompecabezas extraño al estilo de la Alegoría de la Caverna o la teoría del gato de Schrödinger... paso a relatarlo.

Embebido en otro sueño que no viene a cuento, resulta que iba yo con un grupo de amigos para presentarnos a un desafío. Viajábamos a un lugar perdido de la mano de dios, muy del estilo de lo que se puede ver en una típica peli de la guerra de Vietnam (o sea, mucha vegetación, ríos, etc.). Ni idea de cuál era el lugar... probablemente inventado por mi mente, aunque me llama mucho la atención que durante el propio sueño yo sacaba mi móvil para saber dónde estaba y... ahí, en medio de Google Maps, se veía un mapa totalmente completito, con su orografía, sus ríos, los nombres de los pueblos cercanos que obviamente no recuerdo y que, sin embargo, eran tan reales para mí como inventados en un sueño. Me cago un poco en mi estampa, porque luego cuando necesito inventarme algún nombre para mis escritos, me las veo y me las deseo...

Pues bien, resulta que habíamos ido a tan inhóspito lugar, como decía, para tomar un desafío. Según una leyenda inventada por mi cabeza, en dicho sitio había una cabeza reducida de estas estilo magia vudú que, si la encontrabas, podías pedir un deseo. No era pedirle un deseo al jefe del lugar, sino un deseo potente y trascendental al estilo del genio de la lámpara, algo digno de atraer a gente de todos los lugares del mundo para intentarlo... de no ser por los riesgos que entrañaba. La cabeza reducida estaba custodiada por una tribu de aborígenes que estaban adaptados a su tiempo (vamos, que en vez de ir con lanzas y taparrabos, custodiaban el lugar con rifles, metralletas, y todo un ejército), pero que sin embargo eran fieles a su costumbre y, mientras se respetasen las normas, permitían a cualquiera participar en el desafío. ¿En qué consistía dicho desafío? Imaginad un pasillo artificial, una pasarela de tierra (de hecho, de colchonetas, para hacerlo aún más extravagante), situada entre una verja a la izquierda, y un río "infranqueable" a la derecha. El pasillo era de un kilómetro de longitud, y al final del susodicho pasillo, te esperaba la susodicha cabeza reducida. Obviamente no iba a ser tan fácil... aquí es donde se complica.

La verja tenía una parte superior (por encima de las rodillas aproximadamente) que quedaba expuesta y permitía ver el otro lado, mientras que la parte inferior (por debajo de las rodillas) estaba cerrada, hecha de acero macizo. Detrás de la verja había una gran cantidad de ametralladoras de clavos automatizadas. Cada una de ellas custodiaba una sección de cien metros del pasillo (o sea, que había diez "torretas"), y si te detectaban, te disparaban tras unos segundos. Dichas ametralladoras no eran "letales de necesidad", no te matarían con uno ni dos clavos, pero sí que lo podrían hacer si no te rendías al recibir unos cuantos impactos. Dicho de otra forma: tenías unos cuantos segundos para recorrer metros de 100 en 100 a toda velocidad, y si no lo conseguías y te empezaban a caer clavos por el cuerpo, tu única manera de salvarte sería tirarte al suelo para cubrirte con la parte inferior de la verja, o seguir corriendo con la esperanza de llegar a tiempo a la siguiente sección del pasillo, con una absoluta incertidumbre, pues no había señales de hasta dónde llegaba el radio de acción de cada torreta. Ah, y otro detalle más: aunque no te decían cuánto, tenías una cantidad de tiempo limitada para recorrer el kilómetro; era suficiente como para recorrerlo corriendo, pero no suficiente como para recorrerlo arrastrándote (era todo muy conceptual y abstracto, recordemos que sale de un sueño).

Digamos que esas eran las reglas fundamentales del macabro y mortífero juego. A simple vista puede parecer que era una sencilla prueba de velocidad... pero no es así necesariamente. En el sueño se veía cómo uno de mis colegas (uno muy deportista) se las ingeniaba para calcular a la perfección en qué momento las metralletas empezaban a disparar, y justo en ese momento se lanzaba al suelo para recorrer los últimos metros de la sección en cuestión a la máxima velocidad que podía. Pero claro... tanto correr, tirarse al suelo, arrastrarse a toda leche, levantarse, seguir corriendo... cuando llegó a la sección cinco se empezó a cansar, y le cayeron clavos a tope (le siguió una imagen extremadamente grotesca y desagradable, con clavos, sangre y gritos... un sueño que rozaba con una pesadilla, ya sabéis), lo que hizo que se rindiera. De aquí, de hecho, se deducen dos nuevas normas del juego: 1)puedes inventar trucos y estrategias variadas para superarlo (aunque no se podían llevar objetos de fuera, como escudos o similar); 2)si dejas a alguien participar antes que a ti, puedes aprender de sus estrategias para aumentar tus posibilidades... pero te arriesgas a que te levanten el premio.

A modo resumen, eso era lo que quería contar. Llevo un rato quebrándome la cabeza sobre cómo y por qué ha elaborado mi mente un dilema así. ¿Cómo resolverlo? También me planteo otras cosas, como los diversos detalles de la experiencia: el cómo mi mente se había inventado un mapa de Google enterito, los detalles del "juego", las enseñanzas de la vida que se pueden sacar de esas reglas (si observas a alguien arriesgar, puedes copiarlo, pero él puede tomar ventaja sobre ti por haberlo hecho antes). No sé, no sé... una parida muy grande. Una experiencia de lo más llamativa.

martes, 3 de diciembre de 2019

Continúa la cruzada contra las telefónicas.



Me he pensado muy seriamente si escribir esta publicación o no, porque no deja de ser una pataleta... pero lo cierto es que me ha pasado hoy una cosa tan ABSURDA y graciosa que me apetecía compartirlo.

Resulta que estoy en proceso de portabilidad de Vodafone a otra compañía (en términos generales no les haría publicidad a los primeros, pero como voy a echar pestes de ellos, me voy a poner fino). Ya me han contactado 2 ó 3 veces para intentar retenerme, y mi respuesta ha sido siempre la misma: mientras haya compromiso de permanencia, no. Pues bien, resulta que hoy me han llamado otra vez más y se han sacado de la manga una oferta que molaba algo más, mucho más barata y sin permanencia. Realmente, y a pesar de todas las jugarretas que me han hecho, me he planteado si volver. Mi respuesta ha sido (palabra arriba o abajo):

-Vale... mire, señorita, como resulta que me ha pillado trabajando, no tengo tiempo para pensarlo ahora mismo. Sea usted tan amable de mandarme los detalles de la oferta al correo, y esta tarde les digo algo después de pensarlo.

Su contrapropuesta, y la mía:

-Me temo que eso no va a ser posible... esta oferta solo está disponible hasta las 13:30 [¡¡JÁ!!], de modo que debe darme una respuesta antes de esa hora.

-Comprendo... en tal caso debo decirle que no, ya que como le comento, estoy trabajando, y no tengo tiempo para pararme a firmar contratos ni nada de eso.

A partir de este punto, a la telefonista se le empezó a notar cómo se hinchaba una vena en su frente. A estas alturas yo seguía bastante tranquilo. Su respuesta:

-Ah, no se preocupe. Solamente tiene que llamar a su otra compañía telefónica y decirles que no, no hay nada más que firmar.

Aquí se me hinchó a mí la vena en la frente. Mi reacción.

-Pero a ver, le estoy diciendo que no puede ser. Que yo no puedo alienar mi horario de trabajo para darle gusto a su compañía. Resulta que, como le digo, estoy trabajando.

Y aquí vino la guinda del pastel:

-Ah, no se preocupe, yo también estoy trabajando, no hay problema.

En este punto, mi cerebro sufrió un shock. Una de las aletillas de la nariz empezó a temblar. Una de las comisuras de la boca subió en forma de sonrisa, y la otra, bajó en señal de mosqueo. De más está reproducir lo que pasó después... huelga decir que me pareció tan tremendamente absurdo (y egoísta) que alcé un poco el tono, sin perder la cortesía. La tipa se empezó a poner borde, a hablar en plan metralleta sin dejarme hablar... le dije que si no me dejaba hablar, pues tendría que colgar. Entre borderías y absurdeces, al final quedó en un "vale, buen día, adiósadiósadiós...".

¡Pueh ná, que tó mu bien! Sigo sin saber cómo puede ser tan jodidamente estúpida la población como para permitir que una panda de retrasados que crean y permiten protocolos de empresa como los que tienen las telefónicas sigan a flote... y mucho más que a flote. En fin.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Mens regulera in corpore tullido.



>>Sé yo.
>>Tienes un pequeño accidente.
>>...Nada demasiado grave... una caída en el kickboxing.
>>Aparatosa, no puedes poner las manos para frenar.
>>Pesas 83 kilos.
>>Tu costado se come el tatami como un campeón.
>>Terminas la clase, con dolores.
>>Te cuesta irte a la cama, duele moverse y adoptar la horizontal.
>>Duele, duele, duele. Mierda de noche.
>>De casualidad tienes cita para una ecografía de rodilla, de hace meses.
>>Aprovechas, vas a urgencias, expones el caso.
>>Unas esperas... una exploración dolorosa... una radiografía...
>>"Está usted bien. Nada roto, pero le dolerá unos cuantos días".
>>No mentía. Resultado: varios días de dolores intensos en costillas, diafragma y costado.
>>...Toca esperar, y aguantar.
>>El día a día, medio bien.
>>El ir a la cama, tu peor enemigo.
>>Duele al levantarse. Duele al acostarse. Duele al respirar hondo.
>>Duele, duele, duele. Te cagas en todo lo cagable.
>>Te viene un estornudo; tomas aire... no lo echas.
>>...¡¿Dónde está mi jodido estornudo?!
>>La experiencia se repite varias veces. Conclusión: no puedes estornudar.
>>Te rallas... piensas en biofísica y posibilidades para no estornudar.
>>Caes en la trampa de los pobres: buscas información en Google.
>>¡¿Está bien mi diafragma, Doctor Google?!
>>Acabas pensando que puedes tener un desgarro o una hernia por la caída.
>>...Procuras no creértelo demasiado. Es Doctor Google.
>>Vas a la cama otra vez. Sheit.
>>Duele, duele, duele...
>>El dolor no disminuye, pero lo vas asumiendo.
>>Te acostumbras a coger posturas antiálgicas. Lo vas llevando...
>>Llega el finde, duele.
>>Sales de fiesta, duele.
>>Suena una alarma del curro, duele.
>>Te cagas en todo lo cagable, duele.
>>Te vas a casa, ves si todo va bien, duele.
>>No es nada grave, lo dejas para mañana, duele.
>>La cama... DUELE.
>>La mañana, vas al curro, duele.
>>Solucionas el asunto. Las malditas bombas enfriadoras. Duele.
>>Te cambias de nuevo para volver a casa. Te viene un estornudo... duele.
>>Duele... pero estornudas. Lo sueltas TODO.
>>¿Ha sido eso un estornudo?
>>Tío, he estornudado.
>>¡¡PUEDO ESTORNUDAR!!
>>Nunca un estornudo hizo tan feliz a alguien.
>>Duele.
>>Sigue doliendo.
>>Duele... pero puedo estornudar :D .

domingo, 3 de noviembre de 2019

Hoy odio mi trabajo.


>>Hace tres días...
>>Estoy de guardia, atento al móvil por si suenan alarmas.
>>Suena una alarma. Problema de oxígeno en una sala.
>>Hory shiet.
>>Cojo el portátil de guardia para hacer asistencia remota.
>>Sale un nivel insano, un bug evidente.
>>Juego un poco con los botones, se arregla.
>>...Vuelve a sonar.
>>Lo vuelvo a arreglar.
>>...Así hasta 3 veces. Solucionado, deja de dar por culo.
>>Día siguiente, voy a hacer la guardia.
>>Vuelvo a casa, como todo tranquilo.
>>...Suena la alarma, temperatura excesiva en la misma de ayer.
>>...Hory shiet.
>>Consulto a la jefa. Que controle la temperatura y vaya a resetear la enfriadora si no se arregla.
>>...Me toca volver en esa tarde
>>En efecto, la enfriadora de agua no funciona bien.
>>La reseteo.
>>...No se arregla.
>>Que controle, que llame al técnico de guardia.
>>Que seguramente será el gas. Vendrá el lunes para recargar.
>>Subo la consigna para que no dé por culo. Dos horas perdidas. A esperar...
>>La noche; Fede durmiendo.
>>........Suena la alarma.
>>Temperatura excesiva en otra sala.
>>Toca ir...
>>La enfriadora directamente no funciona.
>>Llamo al técnico de guardia.
>>Viene, se pone manos a la obra.
>>Hace unas pruebas. En el proceso, funde 3 fusibles.
>>No lo puede arreglar, necesita pedir unas piezas.
>>Hay que esperar al lunes...
>>Y aquí estoy, rezando por que no se estropee una tercera máquina en poco tiempo.
>>...Puta mierda.

domingo, 27 de octubre de 2019

Cruzada contra las telefónicas.


Llevo ya mucho tiempo siendo cliente de Vodafone, concretamente, unos 5-6 años. No tengo ninguna fijación especial por esa compañía, simplemente me han tratado bien durante todo este tiempo... hasta ahora. Sin que llegue a ser una fedepataleta (no está basada en toxicidad y malos alimentos, es una queja legítima), deseo dejar constancia aquí de unas cuantas anécdotas personales, tratando de resumirlas. Al final, pondré la moraleja.

Cuando me establecí en Segovia me costó algo de trabajo poner Internet en mi casa. Hace ya casi un año y no recuerdo los detalles con total precisión, pero a modo resumen resulta que la inquilina anterior tenía una línea de teléfono distinta, no sé si con otra compañía. El caso es que la muy lince se olvidó de darla de baja, de modo que llevaba varios meses recibiendo cargos por una línea que no estaba usando, y a raíz de eso, mi propia compañía me dijo que hasta que no se diera de baja dicha línea no podía ponerme otra. Imaginaos mi cara... un tío que pasa varias horas al día en Internet, viéndose en la situación de no poder siquiera contratar el servicio por una estupidez semejante; acabé por llamarlo en mi cabeza "secuestro de la línea teléfonica". Pues bien, a base de llamadas y llamadas (fueron unas cuantas), y tras varias negativas, finalmente di con un agente que sabía ver más allá del protocolo y de su nariz, y me dijo que me daba la opción de contratar mi línea, que ya se encargarían ellos de solucionar los problemas internos con respecto a la línea de la anterior inquilina. Además, dio la casualidad de que justo por esas fechas me habían ofrecido un trato por fidelidad bastante bueno, con fibra y varias gigas para el móvil por un precio bastante razonable durante un año a cambio de una permanencia de eso mismo, un año. Dado que no tenía intención de moverme de aquí, y dado que estaba ya bastante desesperado por tener Internet (dos semanas hasta que me lo pusieron finalmente), aquí acabó la cosa. Fede contento... o eso creía yo.

Resulta que la línea me empezó a dar fallos. 600 megas de fibra no servían de mucho, pues había un error en algún punto. Llamé a Vodafone, mandaron al técnico, dijo que lo había solucionado (me dijo que comprase un cable Ethernet especial y tal, cosas que yo no sabía), se fue... y al cabo de un día, el problema persistía. Me dieron esquinazo varias veces, pero finalmente mandaron a un segundo técnico, quien no logró solucionar nada de nada. Conclusión: no tengo ni idea de por qué, pero resulta que mi conexión funciona bien aproximadamente una de cada 3 veces (lo he medido a ojo, sí). Las otras 2 veces de cada 3 necesito desconectar y conectar el cable hasta que la pilla bien. No es algo terrible... pero jode estar pagando por un servicio que no funciona bien del todo. Algunos me dirán que por qué no vuelvo a llamar, y yo digo: lo hice. No volvieron a mandar a ningún técnico, y ya me harté. Me he "malacomodado" en la tarea de desenchufar y enchufar casi todos los días un par de veces con tal de no pelearme con nadie. Lograron ganar esta batalla. Paso con la siguiente.

Cuando me fui a Noruega quise dar de baja el servicio para no pagar tanto. ¿Qué pasa? Que como la oferta va ligada también al móvil y necesitaba móvil, me ofrecieron la posibilidad de suspender la línea durante los 3 meses de estancia (justo el máximo que se podía hacer). En teoría, por este método pagaría un 50% menos de la parte que correspondía a la fibra. Es un robo pagar un 50% de algo que no estás usando, pero me pareció razonable, pues se supone que son cosas que yo debería saber por el contrato que firmé en su momento. Una trampa y una canallada, pero no obstante, algo legal y legítimo, culpa mía. ¿Dónde está mi queja aquí? Cuando volví y reactivé la línea, me llegó el recibo del primer mes. No solo no había pagado menos, sino que había pagado más. ¿¿WTF?? Llamé para informarme. Resumen: como yo ya estaba beneficiándome de un descuento (la oferta de fidelidad que me hicieron al mudarme aquí), resulta que al suspender la línea, efectivamente, estaba pagando menos, pero al mismo tiempo, estaba pagando más también porque, al estar suspendida la línea, no podía beneficiarme de mi oferta inicial (la diferencia era superior con respecto a la oferta que con respecto al descuento por la suspensión de la línea). Nadie me informó de que tal cosa pasaría. Canallas, ladrones, hijos de mala madre, bastardos, piratas, estafadores sin escrúpulos. Llamé varias veces a quejarme hasta que conseguí que me tomasen en serio. Pusieron una incidencia, y me dijeron que en cuatro días recibiría una llamada con alguna propuesta para compensarme. No me llamaron. Llamé yo otra vez al cabo de dos semanas. Pusieron una nueva incidencia, recibiría una llamada en cuatro día. No me llamaron. Y aquí me encuentro ahora mismo, cabreado por culpa de estos hijos de mala madre, bastardos y estafadores sin escrúpulos. Pero ahí no acaba la cosa...

Muy casualmente, en cuanto puse la incidencia empecé a recibir llamadas MUY insistentes y MUY repetidas de Orange y de Jazztel, ofreciéndome el oro y el moro. Que si la televisión gratis con todo el fútbol (no tengo tele, y odio el fútbol); que si una conexión de la hostia, que si esto y lo otro... todas las llamadas se han comido una mierda. ¿Qué os quiero contar en este párrafo? A eso voy: en una de las primeras llamadas de Orange les dije que borrasen mis datos, que era una cosa que les había pedido hacía AÑOS durante otra trifulca que ya tuve. Lo repetí, lo insistí, y lo recalqué. Finalmente, la muchacha que me atendía me dijo que no podía borrar mis datos porque estaban en una base de datos pública. ¿¿¿WTF??? Tengo pendiente la tarea de saber cuál es esa base de datos pública, ya que nos tienen a todos acostumbradísimos a mandarnos cientos de putos correos electrónicos tratando de hacernos ver que tenemos control sobre nuestros datos y sobre si queremos borrarlos en un momento dado. Sabemos que no es verdad... ¿pero que te lo suelten así, a la cara? La cosa cambia. Llevo años sabiendo lo increíblemente sucias que son las compañías telefónicas, lo piratas, rastreras y miserables que son sus políticas de empresa, el cómo te cobran alrededor del triple de lo que valen sus servicios porque saben que son indispensables a día de hoy, y cómo te las rebajan cual moro de bazar cuando amenazas con irte... pero es que parecen no tener límite. Repugnantes, asquerosos, basura infecta. Una de las peores cosas que hay en nuestra sociedad a día de hoy. ¡Oye! Que qué casualidad que me llamen tanto varias compañías diferentes cuando he puesto una incidencia en esa otra compañía en la que me dan ofertas, tratos, y "recompensas" por permanencia y fidelidad, ¿no? Cueva de ladrones, indignos, escoria, repugnantes sacos de mierda. Lo peor de todo es que al final las quejas y los insultos se los llevan unos cuantos empleados con trabajos de mierda, quienes no tienen la culpa de nada porque están con el agua al cuello y aceptarían cualquier trabajo...

La moraleja: por obvio que suene, y por mucho que algunos ya lo sepamos, las compañías telefónicas son uno de los más claros ejemplos de lo que es una empresa tiránica y opresiva, hipócrita cuando hablan del bienestar del cliente, acomodados en el trono de lo necesarios que son sus servicios. Soy un férreo enemigo de los típicos perroflautas que dicen que las grandes empresas que dan servicios importantes deberían ser expropiadas y entregadas al Estado, pero en este caso tan concreto, dichos perroflautas tienen mi voto. ¿Motivo? Incluso mientras compiten entre ellas como perros hambrientos, se alían a la hora de expoliar nuestros bolsillos de una manera óptima. Si no, ¿a santo de qué iba yo a recibir llamadas de su competencia cuando he puesto una incidencia y quiero irme?

domingo, 20 de octubre de 2019

No te acostarás sin saber algo nuevo...



Vamos con una fedeanécdota cortita. Resulta que llevo ya casi un año yendo al gimnasio. Al principio hacía las cosas más de rutina, tipo me daban la hoja de ejercicios y me limitaba a seguirla a rajatabla. Lentamente, fui adaptando esa hoja de ejercicios a mí (lo que se debe hacer), en plan ajustar los pesos, las repeticiones, y todo ese rollo de mantenerse en el RIR 2 (creo que se escribe así, lo de llegar a dejar dos repeticiones en reserva para optimizar el entrenamiento). Últimamente estoy yendo un paso más allá, probando distintos ejercicios para seguir optimizando, quedándome con los que más me gustan y/o dan mejor rendimiento... vamos, nada extraordinario, se supone que todo el mundo debería entrenar así a medida que se familiariza con el funcionamiento del gimnasio.

El caso es que hay un grupo muscular que siempre se me ha resistido mucho, los dorsales. Casi siempre que el monitor pasa por mi lado mientras hago dorsales (el típico ejercicio de bajar la barra en vertical con ambos brazos) me corrige algo, porque es un ejercicio que se me hace, o mejor dicho, hacía, realmente difícil y frustrante. No me daba la típica sensación de ardor o dolor a medida que me iba cansando, sino que sencillamente mi cuerpo me pedía parar y/o hacerlo de manera incorrecta, metiendo hombros y cosas así. Bueno, pues en la última semana me llevé una sorpresa.

En base a esto mismo, le dije al monitor que me dijese otros ejercicios de dorsales, porque ese se me hacía antipático. Aunque me los dijo, me dijo también que seguramente lo estaba haciendo mal, que debía probar con menos peso y esforzarme por hacer el ejercicio bien. Dado que no me suelo dejar llevar por el ego en el gimnasio, y mucho menos cuando el tío que sabe es quien me corrige, pues decidí hacerle caso. Al día siguiente bajé un par de placas y, como es lógico, hice el ejercicio sin ninguna clase de problema. La sorpresa fue... que después de llevar casi un año haciendo ese mismo ejercicio, esta fue la primera vez que me dieron agujetas, lo que me dejó ver que, efectivamente, estaba haciéndolo mal, ya que anteriormente no reclutaba suficientes fibras musculares ni las sobrecargaba lo suficiente. En otras palabras: con menos peso, pude sobrecargar de manera más adecuada un grupo muscular que con más peso, al permitirme aprovechar mejor todo el recorrido de la contracción muscular.

¿Que por qué cuento esto? Primero, porque me apetece. Segundo, por la moraleja: hay que dejarse asesorar por los profesionales. A veces por ignorancia, y a veces por ego, nos dejamos llevar por una información mal aprendida que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos. Más pensar, menos sentir.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Afrontando la realidad.



>>Sé yo.
>>Críate escuchando lo mal que se tratan las maletas en el aeropuerto.
>>Toca coger un avión.
>>Facturas una maleta pequeña (estaba incluida).
>>"Papá es un exagerado a veces...".
>>Vuelas; un par de turbulencias; todo bien.
>>Llegas.
>>El desembarque se retrasa...
>>No problema, no tienes prisa.
>>Se sigue retrasando...
>>Escuchas un ruido a tu lado, la bodega del avión.
>>Se moviliza el personal en la pista.
>>Carros, cinta transportadora... empiezan a sacar equipaje.
>>Te pica la curiosidad, miras atentamente.
>>Uno de los trabajadores se prepara para descargar.
>>En manga corta con un frío que pela.
>>Está petao el cabrón.
>>Empieza a descargar maletas...
>>Lanza maleta. Maleta volando. ¡¡PUUUUM!!
>>Lanza maleta. Maleta volando. ¡¡PAAAAM!!
>>Lanza maleta mal. Maleta cae al suelo.
>>Se cabrea, maldice.
>>Vuelve a lanzar maleta. Maleta volando.
>>Esta no hace pum, ni pam.
>>Sigue un rato así.
>>Menudo pedazo de animal...
>>Te planteas no volver a facturar una maleta.

viernes, 4 de octubre de 2019

Ansiedad vs. ANSIA.



Este primer párrafo me lo dedico casi que más a mí que a vosotros, pero bueno, allá va: baso este post en una experiencia que tuve el otro día (no de ansiedad), que me hizo empezar a darle vueltas a la cabeza hasta que se me ocurrió esto y empecé a reírme. En base a eso, quiero creer que escribir estas líneas no es "conducta de enfermo", y que por ende, es perfectamente válido. Sin más... doy comienzo.

-¡Vaya! Estoy reventado del día que he tenido hoy. No dormí bien, he tenido un día agotador en el curro, he hecho la compra, echado gasolina y de todo, y al caer en la cama, resulta que cada vez que me voy a quedar dormido me da una desagradable descarga de adrenalina que me impide dormir. ¡Vaya! Qué cosas... ==> Es Ansiedad.

-¡TÚ, HIJOPUTA! ¡¡¡QUE EL DE LA ROTONDA HA PASADO HACE YA DOS SEGUNDOS, ARRANCA!!! *PITA, PITA Y REPITA* ==> Es ANSIA.

-Pues nada, que iba yo ayer volviendo a casa por la ruta de siempre, y me dio un vuelco muy desagradable el corazón. Tanto, de hecho, que hoy me estoy planteando si cambiar de ruta. Suena tonto... ¿verdad? ==> En Ansiedad.

-Me da un asco... una vergüenza... no, lo que me da es pena. Me da una pena ver que vives así desde que no estás conmigo... Por Dios, ni siquiera has hecho la cama... ¡Ni siquiera has planchado la ropa! ¡PENA! ¿ME OYES? ¡¡PENA!! ¡¡ME MUERO DE PENA DE VERTE ASÍ!! *Se echa a llorar* ==> Es ANSIA.

-Illo... te vas a reír. El otro día me estaba haciendo una paja, y cada vez que creía que iba cogiendo ritmo, me daba así una sensación como de perder el conocimiento y tenía que parar. Bueno... en verdad no fue un día, fueron tres seguidos. Y después de eso, nunca más. ==> Es Ansiedad.

-Pero vamos a ver, ¿cómo vas a decirme que no vienes hoy, sino mañana? ¿Tú no ves que mañana yo no estoy? ¿¿Qué vas a hacer aquí tú sola mañana?? ¡¿HACERTE LA CENA TÚ?! ¡TE VAS A MORIR DE HAMBRE! ¡PARECE MENTIRA QUE TENGAS SESENTA AÑOS! ==> Es ANSIA.

-¿Te acuerdas que anoche no me podía dormir y te lo conté? Bueno, pues resulta que apenas conseguí dormir un par de horas. ¿Sabes qué es lo más gracioso? Que aunque arrastraba dos días de dormir mal, he currado, he vaciado toda la agenda sin problemas, he ido al gimnasio y todo, y no he dado ni un solo cabezazo. No me lo explico, la verdad. ==> Es Ansiedad.

-¡INÚTIL! ¡QUE A ESA SEÑAL NO LE HACE CASO NI EL TATO! ¡¿CÓMO TE VAS A PONER A 30 AQUÍ SI NO HAY NAIDE?! ¡¿NO VES QUE NO PUEDO ADELANTARTE?! ¡¡CONVIÉRTETE EN UN DELINCUENTE POR MÍ PARA QUE YO PUEDA SERLO, O LLEGARÉ VEINTE SEGUNDOS MÁS TARDE A MI DESTINO!! *PITA, PITA Y REPITA* ==> Es ANSIA.

-¡ME VOY A MORIR, ME VOY A MORIR, ME VOY A MORIR, ME VOY A MORIR! ==> Podría ser Ansiedad.

-¡TE VAS A MORIR, TE VAS A MORIR, TE VAS A MORIR, TE VAS A MORIR! ==> Es ANSIA.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Algo un poco random.

Me apetecía actualizar el blog con alguna cosa cortita, pero no se me ocurría nada. Me ha dado por organizar un poco el ordenador y me he encontrado una carpeta con capturas de pantalla que me han hecho mucha gracia y me han traído recuerdos, así que me he dicho "oye, ¿y por qué no?". Voy simplemente a dejar caer esas capturas de pantalla con pequeñas explicaciones sobre ellas, espero que os gusten al menos la mitad de lo que a mí.

1) Un poquito de Jojo.

Cuando llegué a cierto capítulo de la tercera temporada, Joseph Joestar soltó un "Oh, no!" muy cómico. En un par de capítulos lo repitió, y me partí el ojete. En otro par de capítulos vi que era un meme puesto ahí a propósito, y poco a poco fui viendo que la mitad de sus interjecciones estaban pensadas para eso mismo, convertirse en memes. Tal fue la risa que me dio, que no pude evitar coger capturas.





2) Zenyatta siendo un capullo.

Me salió este graffiti en el Overwatch, y me partí de risa por lo obvio. Por aquel entonces estaba de moda ese meme estúpido de hacer el mismo gesto con la mano, y lo acabé subiendo al Facebook para etiquetar a una amiga que pasaba por una etapa de obsesión con dicho meme.


3) A Ghost of a Tale.

Este videojuego me encantó de una manera sobrehumana. Me harté de hacer capturas, pero como no quiero hacer un spam insano, os pongo aquí las que más gracia me han hecho, incluyendo unas ilustraciones chulísimas de los créditos del final.










4) Unas runs muy provechosas.

El Darkest Dungeon a veces te saca de tus casillas... y otras veces, te lo compensa con creces. Estas son capturas de un par de mazmorras en las que la suerte me sonrió (sí, lo puse en francés para practicar un poco el idioma).



5) Un viejo sueño.

Para los que no lo sepan, me encantó la saga Mass Effect. Es decir, me bebí el 1, y cuando empecé el 2, quedé embelesado. Pero... bueno, se me corrompió la partida después de unas 30 horas de juego, y por aquel entonces lo jugaba en XBOX360. ¿Qué implicó esto? Que me negué a volver a jugarlo hasta que tuviese un ordenador potente en el que pudiera hacer cosas como importar partidas o arreglar bugs con la consola de navegación. Y... pasaron unos 7 años y medio desde que dejé el juego aparcado y lo volví a arrancar. No voy a decir que se me saltaron las lágrimas pero, joder, qué bien me sentó.



6) Agitanio, el terror de Azeroth.

Esta puede ser difícil de ver si no conoces en cierta profundidad World of Warcraft, pero la imagen se explica sola. Compré una vara de cobre, 70 cobres (gratis, vaya). La puse en casa de subastas por 70 de oro. Tras la comisión de la casa de subastas, 67 oros de free. Lo convertí en costumbre desde ese momento.


Y aquí lo voy a dejar por ahora, quizás en algún momento del futuro vuelva a hacer alguna publicación semejante, aunque será dentro de mucho... no soy mucho de coger capturas a menos que algo realmente me mole.