Esta será un poco más corta, sencillamente porque fue una cosa muy puntual. Sin embargo, dada la risa que me dio cuando me lo contaron, no podía faltar.
El coprotagonista de esta anécdota no fuimos ni el friki ni yo, sino otro amigo nuestro, el grandioso Manolillo. Quisiera destacar el detalle de que las normas permitían meter coches en nuestra residencia de estudiantes, pero no dejarlos aparcados de manera indefinida dentro, por lo que un coche dentro de la residencia implicaba una carga/descarga, o algún asunto fuera de lo habitual. El caso es que nuestro Manolillo iba sorteando las columnas de los portales camino a su casa (vivía en un bloque distinto al nuestro si no me falla la memoria), cuando el motor de un coche llamó la atención. Nuestro amigo se giró, y no pudo sino maravillarse ante lo que vió: un coche nuevecito, rojo y descapotable (de nuevo, si no me falla la memoria), pilotado por el inigualable JC, un JC, por cierto, que sonreía lleno de confianza, como si le fuese a salir un brillo de estos de los anuncios antiguos de pasta de dientes en cualquier momento.
-Hola, Manolo -comenzó el nuevo conductor, pues supimos días antes que tenía el carné recién sacado.
-Muy buenas, JC -respondió Manolillo-. ¿Coche nuevo?
-Je, je... ya ves... -JC desvió la mirada hacia el portal que tenía delante, justo ante el que había estacionado-. ¿No subes? -Manolillo negó con la cabeza con energía.
-Qué va. -En aquel momento, JC quitó el contacto de su coche-. Pero vamos, que tú tampoco.
-¿Y eso?
-Porque yo no vivo en este portal, ni tú tampoco.
JC se mostró dubitativo por unos instantes. Rápidamente, su rostro pasó hacia la extrañeza y, tras confirmar el número del portal con una mirada, finalmente anidó entre las ramas de la vergüenza momentánea. Con una cordial despedida de la mano, volvió a arrancar su coche y lo trasladó hacia su portal, que era el nuestro.
lunes, 22 de octubre de 2018
viernes, 19 de octubre de 2018
Diferencias entre opinión y juicio (by me).
Hace unos días vi un programa en la tele (lo pillé de mi abuela que la tenía puesta, pues yo no tengo tele de normal) que me hizo sentir una fuerte vergüenza ajena. No obstante, debido a que siempre procuro extraer el lado positivo a las cosas, me dio por darle vueltas y vueltas al asunto sobre lo que estaba viendo (de lo que hablaré más adelante), y decidí que cuando me cuajara más o menos el concepto, acabaría por escribir sobre ello. Conque... ahí voy.
Imaginad lo siguiente, que está muy de moda, y lo pondré muy extremo para que quede más patente y claro: dos amigos, un chico joven y en forma, y una chica gorda de las que apenas si pueden saltar a la pata coja (y no hablo de un caso de hipotiroidismo o similar). Los dos tienen la misma edad, los dos han recibido educaciones similares, y los dos tienen una situación financiera parecida, o sea, que digamos que inicialmente solo se distinguen en su aspecto físico y en su sexo. A esto que un día la muchacha le cuenta que ha tenido que ir al médico porque se sentía muy mal (palpitaciones, mareos...), y le han diagnosticado que tiene colesterol alto. El muchacho, que es SU AMIGO, le dice, en presencia de las amigas de ella: "a ver... yo te lo he dicho varias veces, pero es que si te inflas a comer y no lo bajas haciendo ejercicio, es normal que te pase". Y entonces... se arma la marimorena: las amigas de ella lo tachan de machista, de falocéntrico misógino, de tirano, de intolerante... y a ella le dicen todas esas cosas tan de moda, sobre que lo importante es quererse a sí mismo, y que el peso da exactamente igual. Aunque lo pueda parecer, esta publicación no va enfocada al tema de los gordos que se aceptan y se quieren como son (que darían para otra publicación la mar de interesante), sino al hecho de algo que quizás ha pasado inadvertido. ¿Os habéis dado cuenta de que el muchacho del supuesto de arriba, en ningún momento le ha dicho a su amiga que no coma, que haga ejercicio, o ni siquiera que esté fea, gorda, y que esté MAL lo que está haciendo? Pues allá es donde voy.
Ya sabemos lo que hay a día de hoy por todos lados, todas estas dictaduras sociales en las que la persona lista se tiene que quedar callada mientras el idiota grita, se ofende, y escupe; toda esa basura del ofenderse por nada, y el censurar a gente que ha dicho una cosa controvertida porque puede dar lugar a algún malentendido derivado de sus palabras (malentendido que, en principio, ni siquiera tiene por qué estar implícito en el mensaje de la persona que habló). Es aquí donde quiero hacer hincapié: según la R.A.E., las palabras "opinión" y "juicio" son bastante similares (juicio tiene más acepciones, pero podemos encontrar a la segunda dentro de la definición de la primera), pero sin embargo mi experiencia de vida me lleva a decir que la palabra "juicio" es bastante más potente que la otra. Yo diría que dar una opinión es simplemente decir lo que piensas, sin segundas y sin tratar de imponer nada (lo que viene siendo tratar de buscar una simple argumentación), mientras que hacer un juicio es algo más severo, algo que trata de corroborar o de censurar algún concepto o situación, para conseguir algo más que expresar una idea en sí misma.
Dicho lo de arriba, vuelvo a lo que comenté al principio para terminar de perfilarlo: lo que vi aquel día en la tele fue uno de estos programas de españoles por el mundo, o como se llame. En él, entre las muchas cosas de las que se habló (algunas interesantes), salió cómo se celebraba una fiesta caribeña tradicional... pero maquillada de estilo moderno. Se presentó un baile público (cuyo nombre no recuerdo, aunque iba muy por la línea del "daggering") que me hizo morderme los labios, pegarme pellizcos por debajo de la mesa, y abrir mucho los ojos invadido por la necesidad de hincar la cara entre mis manos (cosa que no hice, por evitar preguntas de respuesta obvia de los presentes). En aquel momento me imaginé allí, en el Caribe, en el centro de aquella festividad de varios cientos de personas rozándose y dándose puntazos como macacos en su "baile sensual" (como ellos lo calificaban), padeciendo por toda esa vergüenza ajena y... totalmente incapaz de hacer nada. ¿Por qué digo esto? Imaginad lo siguiente: ¿qué habría pasado si, en medio de todos ellos, me hubiera dado por decir lo que pensaba (que me parecía soez), es decir, por manifestar una "opinión"? Pues que los más tranquilos de ellos me dirían que nadie me obligaría a permanecer allí (cosa que es cierta), pero los más gritones de ellos (y habría muchos) considerarían mis palabras como un "juicio", se sentirían atacados, y me pondrían de fascista para arriba. Eso, claro, en el caso de que no me tachasen de "maricón", pues recordemos que en Jamaica todavía es ilegal el declararse homosexual... Lo más gracioso del asunto es que a una persona como yo jamás se le ocurriría insinuar que pararan, pues nunca pasaría de expresar una opinión ante algo que me disgusta mientras no piense que sea "malo" (y lo soez, para mí, "malo" no es).
Bueno, después de haber soltado esas perlitas sobre los gordos y el baile caribeño de la vergüenza ajena, recalco que mi único objetivo era hacer distinción entre lo que es expresar una opinión y tratar de imponerla. Por favor, antes de "juzgar" a alguien por hablar, fijaos en si ha dicho algo con segundas. O sea... fijaos MUY bien, no seáis perros rabiosos idiotas que sacan conclusiones erróneas de manera precipitada. Eso SÍ es "malo".
Imaginad lo siguiente, que está muy de moda, y lo pondré muy extremo para que quede más patente y claro: dos amigos, un chico joven y en forma, y una chica gorda de las que apenas si pueden saltar a la pata coja (y no hablo de un caso de hipotiroidismo o similar). Los dos tienen la misma edad, los dos han recibido educaciones similares, y los dos tienen una situación financiera parecida, o sea, que digamos que inicialmente solo se distinguen en su aspecto físico y en su sexo. A esto que un día la muchacha le cuenta que ha tenido que ir al médico porque se sentía muy mal (palpitaciones, mareos...), y le han diagnosticado que tiene colesterol alto. El muchacho, que es SU AMIGO, le dice, en presencia de las amigas de ella: "a ver... yo te lo he dicho varias veces, pero es que si te inflas a comer y no lo bajas haciendo ejercicio, es normal que te pase". Y entonces... se arma la marimorena: las amigas de ella lo tachan de machista, de falocéntrico misógino, de tirano, de intolerante... y a ella le dicen todas esas cosas tan de moda, sobre que lo importante es quererse a sí mismo, y que el peso da exactamente igual. Aunque lo pueda parecer, esta publicación no va enfocada al tema de los gordos que se aceptan y se quieren como son (que darían para otra publicación la mar de interesante), sino al hecho de algo que quizás ha pasado inadvertido. ¿Os habéis dado cuenta de que el muchacho del supuesto de arriba, en ningún momento le ha dicho a su amiga que no coma, que haga ejercicio, o ni siquiera que esté fea, gorda, y que esté MAL lo que está haciendo? Pues allá es donde voy.
Ya sabemos lo que hay a día de hoy por todos lados, todas estas dictaduras sociales en las que la persona lista se tiene que quedar callada mientras el idiota grita, se ofende, y escupe; toda esa basura del ofenderse por nada, y el censurar a gente que ha dicho una cosa controvertida porque puede dar lugar a algún malentendido derivado de sus palabras (malentendido que, en principio, ni siquiera tiene por qué estar implícito en el mensaje de la persona que habló). Es aquí donde quiero hacer hincapié: según la R.A.E., las palabras "opinión" y "juicio" son bastante similares (juicio tiene más acepciones, pero podemos encontrar a la segunda dentro de la definición de la primera), pero sin embargo mi experiencia de vida me lleva a decir que la palabra "juicio" es bastante más potente que la otra. Yo diría que dar una opinión es simplemente decir lo que piensas, sin segundas y sin tratar de imponer nada (lo que viene siendo tratar de buscar una simple argumentación), mientras que hacer un juicio es algo más severo, algo que trata de corroborar o de censurar algún concepto o situación, para conseguir algo más que expresar una idea en sí misma.
Dicho lo de arriba, vuelvo a lo que comenté al principio para terminar de perfilarlo: lo que vi aquel día en la tele fue uno de estos programas de españoles por el mundo, o como se llame. En él, entre las muchas cosas de las que se habló (algunas interesantes), salió cómo se celebraba una fiesta caribeña tradicional... pero maquillada de estilo moderno. Se presentó un baile público (cuyo nombre no recuerdo, aunque iba muy por la línea del "daggering") que me hizo morderme los labios, pegarme pellizcos por debajo de la mesa, y abrir mucho los ojos invadido por la necesidad de hincar la cara entre mis manos (cosa que no hice, por evitar preguntas de respuesta obvia de los presentes). En aquel momento me imaginé allí, en el Caribe, en el centro de aquella festividad de varios cientos de personas rozándose y dándose puntazos como macacos en su "baile sensual" (como ellos lo calificaban), padeciendo por toda esa vergüenza ajena y... totalmente incapaz de hacer nada. ¿Por qué digo esto? Imaginad lo siguiente: ¿qué habría pasado si, en medio de todos ellos, me hubiera dado por decir lo que pensaba (que me parecía soez), es decir, por manifestar una "opinión"? Pues que los más tranquilos de ellos me dirían que nadie me obligaría a permanecer allí (cosa que es cierta), pero los más gritones de ellos (y habría muchos) considerarían mis palabras como un "juicio", se sentirían atacados, y me pondrían de fascista para arriba. Eso, claro, en el caso de que no me tachasen de "maricón", pues recordemos que en Jamaica todavía es ilegal el declararse homosexual... Lo más gracioso del asunto es que a una persona como yo jamás se le ocurriría insinuar que pararan, pues nunca pasaría de expresar una opinión ante algo que me disgusta mientras no piense que sea "malo" (y lo soez, para mí, "malo" no es).
Bueno, después de haber soltado esas perlitas sobre los gordos y el baile caribeño de la vergüenza ajena, recalco que mi único objetivo era hacer distinción entre lo que es expresar una opinión y tratar de imponerla. Por favor, antes de "juzgar" a alguien por hablar, fijaos en si ha dicho algo con segundas. O sea... fijaos MUY bien, no seáis perros rabiosos idiotas que sacan conclusiones erróneas de manera precipitada. Eso SÍ es "malo".
martes, 16 de octubre de 2018
Las aventuras de JC: Marcando el terreno.
Para contaros esta anécdota necesito poneros antes en antecedentes: por resumir, que tampoco hay que regocijarse en el morbo, la relación de nuestro JC con su padre no era demasiado buena. Según nos contó un día, su familia era bastante pudiente por el trabajo de su padre, y precisamente por esto no eran pocas las veces en las que su padre le echaba en cara que fuese un mimado. Lo más gracioso (y absurdo) del asunto era que ese mismo padre le daba al niño una paga bastante considerable mientras estudiaba, paga que era ADEMÁS de los costos de la Universidad, la residencia de estudiantes, y la comida, paga que bien rivalizaría con algunos de los salarios de mierda que se ven a día de hoy dados en negro, con la diferencia de que dichos salarios se otorgan tras una explotación más o menos manifiesta mientras que nuestro JC... bueno, dejémoslo en que no es frecuente que un estudiante tenga sueldo, sino al revés. No me voy a meter en los métodos pedagógicos de cada padre, voy al turrón.
A lo largo de una conversación bastante larga, JC nos contó todo lo expuesto anteriormente y unos cuantos detalles más. Como al muchacho le salía el dinero por las orejas, era raro el mes en el que no se había comprado varios videojuegos originales nuevos... por no hablar del iPhone. En efecto, por aquellas fechas en las que los smartphone estaban empezando a verse, nuestro JC tenía un iPhone último modelo por el cual pagaba dos cuotas: la de la conexión telefónica, y la del propio dispositivo. Por decencia y respeto a su privacidad no mencionaré las cifras... pero sí os diré que me parecieron bastante alarmantes cuando las dijo en voz alta. El caso es que nuestro compañero nos contó con pelos y señales todo eso, tratando de liberar algo de la frustración que sentía por el machaque al que lo sometía su padre cada pocos días.
-Hombre, yo no me voy a meter en decirte lo que tienes que hacer pero... si tanto te molesta, ¿por qué no le dices que deje de pasarte tantísima pasta? -intervino el friki en los últimos compases de la conversación.
-¿C-cómo? -respondió JC con cierta inseguridad.
-Claro, hombre. A ver, te saco solo dos años y a lo mejor me equivoco, pero si le dijeras a tu padre que deje de mandarte tantos billetes le recortarás las excusas para llamarte mimado. No podrás gastar tanto, pero seguramente te acabarás sintiendo mejor contigo mismo. -El muchacho meditó sobre sus palabras durante unos momentos.
-Puede ser... Necesito consultarlo con la almohada.
Pues sí... se lo pensó. Pasó lo que quedaba de tarde y de noche. Era ya el día siguiente, y tras una mañana normal con sus clases y/o alguna práctica, nos volvimos a encontrar con él en el salón del piso. La cara de JC desbordaba felicidad, estaba verdaderamente radiante.
-¡T-tío, tío, a-al final te hice caso! ¿Sabes? Estaba ya muy harto de esa situación, así que esta mañana llamé a mi padre y le dije que no podía ser, que no podía seguir así la cosa. Me puse firme, y le d-dije que... que si me iba a seguir llamando niño mimado, ¡pues que no quería su dinero! -El friki dudó unos instantes, como sintiéndose responsable.
-Pero a ver... ¿qué le has dicho? ¿Te ha quitado la paga?
-No, hombre, no...
Y vaya que si no. De nuevo, como no quiero revelar más datos de los necesarios para unas risas, lo resumiré en que su padre le cortó el grifo... o sea, parte de él; concretamente, le podó una undécima parte del salario. Vamos, que le redujo la paga en aproximadamente un 9%, lo que le daba aún unos márgenes bastante amplios para pagarse el iPhone, algún que otro videojuego, y varios caprichos más si sabía administrarse. Pero bueno, aquí lo importante es que a nuestro JC le crecieron por lo menos cuatro pelos en el pecho aquel día. Si es que... en el fondo estaba hecho todo un rebelde.
A lo largo de una conversación bastante larga, JC nos contó todo lo expuesto anteriormente y unos cuantos detalles más. Como al muchacho le salía el dinero por las orejas, era raro el mes en el que no se había comprado varios videojuegos originales nuevos... por no hablar del iPhone. En efecto, por aquellas fechas en las que los smartphone estaban empezando a verse, nuestro JC tenía un iPhone último modelo por el cual pagaba dos cuotas: la de la conexión telefónica, y la del propio dispositivo. Por decencia y respeto a su privacidad no mencionaré las cifras... pero sí os diré que me parecieron bastante alarmantes cuando las dijo en voz alta. El caso es que nuestro compañero nos contó con pelos y señales todo eso, tratando de liberar algo de la frustración que sentía por el machaque al que lo sometía su padre cada pocos días.
-Hombre, yo no me voy a meter en decirte lo que tienes que hacer pero... si tanto te molesta, ¿por qué no le dices que deje de pasarte tantísima pasta? -intervino el friki en los últimos compases de la conversación.
-¿C-cómo? -respondió JC con cierta inseguridad.
-Claro, hombre. A ver, te saco solo dos años y a lo mejor me equivoco, pero si le dijeras a tu padre que deje de mandarte tantos billetes le recortarás las excusas para llamarte mimado. No podrás gastar tanto, pero seguramente te acabarás sintiendo mejor contigo mismo. -El muchacho meditó sobre sus palabras durante unos momentos.
-Puede ser... Necesito consultarlo con la almohada.
Pues sí... se lo pensó. Pasó lo que quedaba de tarde y de noche. Era ya el día siguiente, y tras una mañana normal con sus clases y/o alguna práctica, nos volvimos a encontrar con él en el salón del piso. La cara de JC desbordaba felicidad, estaba verdaderamente radiante.
-¡T-tío, tío, a-al final te hice caso! ¿Sabes? Estaba ya muy harto de esa situación, así que esta mañana llamé a mi padre y le dije que no podía ser, que no podía seguir así la cosa. Me puse firme, y le d-dije que... que si me iba a seguir llamando niño mimado, ¡pues que no quería su dinero! -El friki dudó unos instantes, como sintiéndose responsable.
-Pero a ver... ¿qué le has dicho? ¿Te ha quitado la paga?
-No, hombre, no...
Y vaya que si no. De nuevo, como no quiero revelar más datos de los necesarios para unas risas, lo resumiré en que su padre le cortó el grifo... o sea, parte de él; concretamente, le podó una undécima parte del salario. Vamos, que le redujo la paga en aproximadamente un 9%, lo que le daba aún unos márgenes bastante amplios para pagarse el iPhone, algún que otro videojuego, y varios caprichos más si sabía administrarse. Pero bueno, aquí lo importante es que a nuestro JC le crecieron por lo menos cuatro pelos en el pecho aquel día. Si es que... en el fondo estaba hecho todo un rebelde.
lunes, 8 de octubre de 2018
Consejos al ir al médico
Antes de empezar con esta publicación, que va a ser un poquitín compleja, quiero dejar claros un par de detalles: yo no soy médico, y yo no sé qué nivel de credibilidad tiene el señor en el que me voy a basar para escribir esto, ya que ha sido una persona criticada por ser un antivacunas. Dejando esto claro, voy al meollo.
Hace ya un tiempo vi un vídeo que en su momento me pareció bastante interesante, y que hoy mismo he descubierto que fue eliminado por estar basado en datos bastante erróneos (y lo he descubierto de pura casualidad, lo que os digo siempre... informaos bien). No obstante, de ese vídeo se podía extraer una idea que sí que me parece adecuada y digna de tener en cuenta todavía, trataré de resumirla: se hablaba de cómo hay ALGUNOS protocolos de medicina preventiva (vacunas, y otros que no son vacunas) que no están muy bien planteados. De esta manera, se hablaba de la posibilidad de que, A NIVEL POBLACIONAL (estadístico, en porcentaje de población, para que nos entendamos), haya algunos protocolos médicos que provocan más daño que beneficio y que al implantarlos suponen, además, una gran inversión económica que podría estar dedicándose a otras cosas más beneficiosas. ¿Por qué una medicación que se supone que debe prevenir una enfermedad tira por el lado contrario y provoca un daño? Porque probablemente no haya ni un solo medicamento que no tenga ningún efecto adverso, y si bien no hay que tomarlos con miedo, cuando se habla de medicina poblacional es cuando se hacen relevantes esos números minúsculos que vemos en el prospecto del paracetamol (lo típico de "uno entre mil se marea", y "uno entre un millón tiene un infarto").
Así pues, no quiero con esto que quienes me lean se hagan antivacunas o amantes de la medicina alternativa (¡¡NO, POR DIOS!!), pero sí que me gustaría poner otro granito de arena en la ardua tarea de abrir ojos. Obviamente, si uno de vosotros no ha estudiado medicina, no le voy a decir que se ponga inquisitivo con su médico porque haya visto este blog en Internet, pero sí que le recomendaría algunas cosas que a continuación enumero:
1) Primero y principal: si padeces de alguna enfermedad, interésate por ella. No te digo que te obsesiones y le des más importancia de la que tiene, pero infórmate, escucha a tu cuerpo, y no tengas miedo de pedir segundas opiniones si tienes la impresión de que el tratamiento que te han puesto no está dando buenos resultados. Infórmate y lee, porque los protocolos médicos están basados en estudios hechos sobre muestras representativas, no sobre el 100% de la población, y hasta entre dos hermanos mellizos puede haber pequeñas diferencias en cuanto a reacciones a medicamentos o pronósticos de diagnósticos.
2) No seas inquisitivo con tu médico... pero obsérvalo bien. Vivimos en un país donde la medicina es "gratuita", y donde los médicos, como funcionarios que son, en muchos casos están quemadísimos de su profesión. En palabras que a mí mismo me ha dicho uno de ellos, no se va a sospechar de un cáncer de laringe ante una tos de un chaval de 20 años; esto tiene su lógica, claro, pero cuando te toque ser el chaval de 20 años al que le dieron una medicación para la tos, y que resultó tener un cáncer de laringe (raro, pero posible), no te va a hacer ni putísima gracia. No infravalores a tu médico, pero aprende a leer entre líneas, y a ver si se trata de un buen profesional o no. Como en cualquier sector profesional, entre los médicos hay buenos y malos trabajadores, y los hay que con dos preguntas te mandan un antibiótico y un antiinflamatorio, y los hay que con diez preguntas siguen haciendo más y acaban mandándote tres pruebas distintas por si acaso.
3) Lo de siempre: en el vídeo se hablaba también de cómo mantener una buena nutrición y unos hábitos de vida saludables (básicamente, hacer ejercicio) reduce muchísimo más la incidencia de según qué enfermedades que el hecho de hartarte a radiografías o tomar según qué medicamentos. Por lo expuesto anteriormente, no le voy a dar credibilidad a los números y porcentajes, pero sí que os diré lo siguiente: si bien no seré yo quien os diga que no os toméis lo que os ha recetado el médico (ni muchísimo menos) nunca está de más preguntarle al médico si lo que te ha mandado es algo imprescindible o solo algo accesorio, o incluso valorar si se trata de un medicamento que te va a reducir un dolor soportable, o uno insoportable. Valora tu caso, no tomes medicamentos por capricho (por necesidad, sí, están para eso), y sobre todo, haz ejercicio.
Hace ya un tiempo vi un vídeo que en su momento me pareció bastante interesante, y que hoy mismo he descubierto que fue eliminado por estar basado en datos bastante erróneos (y lo he descubierto de pura casualidad, lo que os digo siempre... informaos bien). No obstante, de ese vídeo se podía extraer una idea que sí que me parece adecuada y digna de tener en cuenta todavía, trataré de resumirla: se hablaba de cómo hay ALGUNOS protocolos de medicina preventiva (vacunas, y otros que no son vacunas) que no están muy bien planteados. De esta manera, se hablaba de la posibilidad de que, A NIVEL POBLACIONAL (estadístico, en porcentaje de población, para que nos entendamos), haya algunos protocolos médicos que provocan más daño que beneficio y que al implantarlos suponen, además, una gran inversión económica que podría estar dedicándose a otras cosas más beneficiosas. ¿Por qué una medicación que se supone que debe prevenir una enfermedad tira por el lado contrario y provoca un daño? Porque probablemente no haya ni un solo medicamento que no tenga ningún efecto adverso, y si bien no hay que tomarlos con miedo, cuando se habla de medicina poblacional es cuando se hacen relevantes esos números minúsculos que vemos en el prospecto del paracetamol (lo típico de "uno entre mil se marea", y "uno entre un millón tiene un infarto").
Así pues, no quiero con esto que quienes me lean se hagan antivacunas o amantes de la medicina alternativa (¡¡NO, POR DIOS!!), pero sí que me gustaría poner otro granito de arena en la ardua tarea de abrir ojos. Obviamente, si uno de vosotros no ha estudiado medicina, no le voy a decir que se ponga inquisitivo con su médico porque haya visto este blog en Internet, pero sí que le recomendaría algunas cosas que a continuación enumero:
1) Primero y principal: si padeces de alguna enfermedad, interésate por ella. No te digo que te obsesiones y le des más importancia de la que tiene, pero infórmate, escucha a tu cuerpo, y no tengas miedo de pedir segundas opiniones si tienes la impresión de que el tratamiento que te han puesto no está dando buenos resultados. Infórmate y lee, porque los protocolos médicos están basados en estudios hechos sobre muestras representativas, no sobre el 100% de la población, y hasta entre dos hermanos mellizos puede haber pequeñas diferencias en cuanto a reacciones a medicamentos o pronósticos de diagnósticos.
2) No seas inquisitivo con tu médico... pero obsérvalo bien. Vivimos en un país donde la medicina es "gratuita", y donde los médicos, como funcionarios que son, en muchos casos están quemadísimos de su profesión. En palabras que a mí mismo me ha dicho uno de ellos, no se va a sospechar de un cáncer de laringe ante una tos de un chaval de 20 años; esto tiene su lógica, claro, pero cuando te toque ser el chaval de 20 años al que le dieron una medicación para la tos, y que resultó tener un cáncer de laringe (raro, pero posible), no te va a hacer ni putísima gracia. No infravalores a tu médico, pero aprende a leer entre líneas, y a ver si se trata de un buen profesional o no. Como en cualquier sector profesional, entre los médicos hay buenos y malos trabajadores, y los hay que con dos preguntas te mandan un antibiótico y un antiinflamatorio, y los hay que con diez preguntas siguen haciendo más y acaban mandándote tres pruebas distintas por si acaso.
3) Lo de siempre: en el vídeo se hablaba también de cómo mantener una buena nutrición y unos hábitos de vida saludables (básicamente, hacer ejercicio) reduce muchísimo más la incidencia de según qué enfermedades que el hecho de hartarte a radiografías o tomar según qué medicamentos. Por lo expuesto anteriormente, no le voy a dar credibilidad a los números y porcentajes, pero sí que os diré lo siguiente: si bien no seré yo quien os diga que no os toméis lo que os ha recetado el médico (ni muchísimo menos) nunca está de más preguntarle al médico si lo que te ha mandado es algo imprescindible o solo algo accesorio, o incluso valorar si se trata de un medicamento que te va a reducir un dolor soportable, o uno insoportable. Valora tu caso, no tomes medicamentos por capricho (por necesidad, sí, están para eso), y sobre todo, haz ejercicio.
miércoles, 3 de octubre de 2018
Las aventuras de JC: el héroe que Renfe necesita
En esto que el friki y yo andábamos haciendo lo que mejor se nos daba, vaguear a media mañana, cuando sonó la tarjeta de la puerta, anunciando inequívocamente la llegada de un compañero. En aquel momento creo recordar que nuestro compa el callado no estaba, lo que significaba que adivinar quién era conllevaba un 50% de probabilidades de éxito. Como no podía ser de otra manera, la Dama Fortuna nos sonrió, y nos bendijo con la entrada al piso del gran JC. Aquel día, sin embargo...
-¡Tíos, tíos! -saludó, con tono mosqueado.
-¿Qué te pasa? -le pregunté.
-¡Pues que hoy vengo cabreado! O sea, ¡cabreado de verdad! -No hacía falta que lo dijera, pues el simple hecho de que JC usase palabras de las que se salen del tiesto de lo finolis ya daba bastante idea. En cualquier caso, atravesó el pasillo con pasos pesados, resoplando-. ¡Es que esto no puede ser, qué informalidad!
En ese momento me asusté un poco, porque aunque no tenía la menor importancia, se me había olvidado limpiar mi parte del piso durante la semana anterior. Y conociéndolo ya un poco...
-¿Pero qué te pasa, macho? ¿Qué te han liado?
-¿Que qué me pasa? ¡Qué no me pasa! ¿Te puedes creer que he tenido que ir a la c-ciudad para hacer la compra semanal, y va el tren, y se va sin mí? -En ese otro momento, tomé aire.
-¿Cómo que se ha ido sin ti?
-¡Pues eso! ¡Que iba yo a mi hora, a las 11:59 estaba en mi andén, y coge el tren, y se va, cuando su hora eran las 12:00! ¡¿No te parece increíble?!
Lo reconozco, aunque es raro que un tren salga antes de tiempo, que te ocurra y lo pierdas por ese motivo es una reverenda putada. Reconozco que el muchacho tenía motivos para cabrearse si las cosas ocurrieron tal como las contaba... pero seguid leyendo.
-Hombre, está feo. Total, que has tenido que esperarte al siguiente, ¿no? -Pero JC negó.
-Al siguiente no, ¡al otro! ¿Adivinas qué es lo que me ha pasado? -El chaval se quedó callado, esperando una respuesta.
-...No.
-¡P-pues yo te lo cuento! Como estaba francamente furioso, he ido a la oficina de la estación a quejarme. Les he dicho que no podía ser que el tren saliera un minuto antes, a lo que me han respondido que el tren ha salido a su hora, ¡encima me ponen de mentiroso! -Yo alcé media ceja con suspicacia.
-A ver, JC... si me dices que el tren salió un minuto antes yo te creo, pero... ¿cabe la posibilidad de que tuvieras el reloj atrasado? Un minuto más, uno menos... eso es fácil que pase. -Pero él volvió a negar.
-Que no, Fede, que no, yo sigo la hora por mi iPhone último modelo, que está conectado a la red de Internet y lleva la hora centralizada. ¡Es imposible eso! -Por aquel entonces, yo ni había olido lo que era un smartphone, pero bueno, me lo creí-. Pero es que lo peor no es eso, ¿sabes qué pasó después?
-Dispara, nos tienes en ascuas -añadió jocosamente el friki.
-Pues nada, que como no me d-daban una solución y encima me llamaban mentiroso, les he EXIGIDO -sí, lo gritó, y clavó el dedo en la mesa- que quería ver al presidente de Renfe para explicarle lo que había ocurrido y pedir una compensación.
-¿Y salió a verte? -preguntó el friki, y yo tuve que contener la risa por respeto.
-¡No! ¡Eso es lo peor! La mu-muchacha que me atendió me miró como si yo fuese... tonto, o raro, o algo así. Estuvo un rato al borde de la risa, y al final me dijo que me sentase en una silla, que iba a llamar al presidente para que viniera. Pero cl-claro, como no venía, y ya había perdido otro tren más, al final decidí irme porque iba a perderme clases, ¡y hasta ahí podíamos llegar!.
Hasta antes de mencionar al presidente de Renfe, todo era relativamente normal, razonable, una persona cabreada porque le habían negado un servicio al que tenía derecho. Después de esa frase... la cosa se torció, y lo que siguió a lo que veis en el relato fue un rato de rizar el rizo y de frases echando pestes que no creo que vayan a entretener a nadie (además de que yo mismo estaba bastante preocupado procurando no reírme del pobrecillo, y no atendí a mucho). No me malinterpretéis, es cierto que los smartphones están conectados a Internet y están en hora, y si el tren salió un minuto antes, JC tenía derecho de sobra a cabrearse y para pedir una compensación. Por desgracia... bueno, ya sabemos que hay algunas cosas que son difíciles de demostrar, y de las que de más está quejarse, máxime, tratándose de un cercanías de estudiantes, que los hay cada media hora o así. En fin... no deja de ser una más de JC, una en la que, todo sea dicho, demostró que no todos los héroes tienen capa.
-¡Tíos, tíos! -saludó, con tono mosqueado.
-¿Qué te pasa? -le pregunté.
-¡Pues que hoy vengo cabreado! O sea, ¡cabreado de verdad! -No hacía falta que lo dijera, pues el simple hecho de que JC usase palabras de las que se salen del tiesto de lo finolis ya daba bastante idea. En cualquier caso, atravesó el pasillo con pasos pesados, resoplando-. ¡Es que esto no puede ser, qué informalidad!
En ese momento me asusté un poco, porque aunque no tenía la menor importancia, se me había olvidado limpiar mi parte del piso durante la semana anterior. Y conociéndolo ya un poco...
-¿Pero qué te pasa, macho? ¿Qué te han liado?
-¿Que qué me pasa? ¡Qué no me pasa! ¿Te puedes creer que he tenido que ir a la c-ciudad para hacer la compra semanal, y va el tren, y se va sin mí? -En ese otro momento, tomé aire.
-¿Cómo que se ha ido sin ti?
-¡Pues eso! ¡Que iba yo a mi hora, a las 11:59 estaba en mi andén, y coge el tren, y se va, cuando su hora eran las 12:00! ¡¿No te parece increíble?!
Lo reconozco, aunque es raro que un tren salga antes de tiempo, que te ocurra y lo pierdas por ese motivo es una reverenda putada. Reconozco que el muchacho tenía motivos para cabrearse si las cosas ocurrieron tal como las contaba... pero seguid leyendo.
-Hombre, está feo. Total, que has tenido que esperarte al siguiente, ¿no? -Pero JC negó.
-Al siguiente no, ¡al otro! ¿Adivinas qué es lo que me ha pasado? -El chaval se quedó callado, esperando una respuesta.
-...No.
-¡P-pues yo te lo cuento! Como estaba francamente furioso, he ido a la oficina de la estación a quejarme. Les he dicho que no podía ser que el tren saliera un minuto antes, a lo que me han respondido que el tren ha salido a su hora, ¡encima me ponen de mentiroso! -Yo alcé media ceja con suspicacia.
-A ver, JC... si me dices que el tren salió un minuto antes yo te creo, pero... ¿cabe la posibilidad de que tuvieras el reloj atrasado? Un minuto más, uno menos... eso es fácil que pase. -Pero él volvió a negar.
-Que no, Fede, que no, yo sigo la hora por mi iPhone último modelo, que está conectado a la red de Internet y lleva la hora centralizada. ¡Es imposible eso! -Por aquel entonces, yo ni había olido lo que era un smartphone, pero bueno, me lo creí-. Pero es que lo peor no es eso, ¿sabes qué pasó después?
-Dispara, nos tienes en ascuas -añadió jocosamente el friki.
-Pues nada, que como no me d-daban una solución y encima me llamaban mentiroso, les he EXIGIDO -sí, lo gritó, y clavó el dedo en la mesa- que quería ver al presidente de Renfe para explicarle lo que había ocurrido y pedir una compensación.
-¿Y salió a verte? -preguntó el friki, y yo tuve que contener la risa por respeto.
-¡No! ¡Eso es lo peor! La mu-muchacha que me atendió me miró como si yo fuese... tonto, o raro, o algo así. Estuvo un rato al borde de la risa, y al final me dijo que me sentase en una silla, que iba a llamar al presidente para que viniera. Pero cl-claro, como no venía, y ya había perdido otro tren más, al final decidí irme porque iba a perderme clases, ¡y hasta ahí podíamos llegar!.
Hasta antes de mencionar al presidente de Renfe, todo era relativamente normal, razonable, una persona cabreada porque le habían negado un servicio al que tenía derecho. Después de esa frase... la cosa se torció, y lo que siguió a lo que veis en el relato fue un rato de rizar el rizo y de frases echando pestes que no creo que vayan a entretener a nadie (además de que yo mismo estaba bastante preocupado procurando no reírme del pobrecillo, y no atendí a mucho). No me malinterpretéis, es cierto que los smartphones están conectados a Internet y están en hora, y si el tren salió un minuto antes, JC tenía derecho de sobra a cabrearse y para pedir una compensación. Por desgracia... bueno, ya sabemos que hay algunas cosas que son difíciles de demostrar, y de las que de más está quejarse, máxime, tratándose de un cercanías de estudiantes, que los hay cada media hora o así. En fin... no deja de ser una más de JC, una en la que, todo sea dicho, demostró que no todos los héroes tienen capa.
domingo, 30 de septiembre de 2018
Las aventuras de JC: aquí y ahí
Se me hace un poco antipático relatar esta anécdota, pero lo veo necesario por el motivo que voy a especificar a continuación. No hace mucho, un colega me dijo que no le hacían mucha gracia estas publicaciones porque lo de reírse de la gente está feo; creedme, si yo me he decidido a escribir estas cosas, es porque antes lo he sopesado mucho, y es que JC, aunque tenía sus cosas agradables e inofensivas, como su timidez y su educación, también tenía sus cosas... digamos oscuras. Allá voy con una de ellas.
Esta se sitúa casi al principio del curso, debía ser un día de las primeras dos semanas o así. Apenas conocíamos a JC, y solo nos había dado la impresión de ser un chaval muy formal y un poco especialito -cosa que puede ser cualquiera, y no es ningún crimen-, pero bueno... el caso es que era mediodía, y el friki y yo estábamos preparándonos para comer. A esto que sonó el *clac clac* de la puerta, y entró en escena nuestro particular compañero de piso.
-B-buenas tardes, chicos -saludó JC.
-Muy buenas -le respondimos.
-Mirad, mirad, a-acabo de venir de la ciudad, y resulta que... bueno, que vengo muy ilusionado. Me he comprado todas las cosas que nos pidieron para las prácticas el día de la presentación, y... y... pues aquí que las traigo je, je... -JC se adelantó, enseñándonos unos cuantos bultos. Entre ellos, destacaron una caja envuelta en su bolsa y una típica bata blanca de laboratorio.
-Ah, qué bien -le dije yo-. Bueno, no te quiero quitar la ilusión, pero como verás, nosotros tenemos colgadas las nuestras del perchero desde el primer día como una prenda más. Ya sabes... al principio te puede molar meterte en una bata de esas, pero al final te acostumbras y pierde la magia. -JC miró a nuestras batas sorprendido, como si fuera la primera vez que las veía.
-Ah... Comprendo... Bueno, claro, es normal.
-¿Qué más te han mandado comprar? -preguntó el friki.
-Bueno, no mucho más. Realmente solo me mandaron esto y unos guantes, p-pero... pero cuando me vi en la tienda, y vi la selección de productos de laboratorio... es que se me llenaron los ojos, así que me compré estas [no recuerdo cómo las llamó, pero dijo algo así como "gafas deflectoras de electrones"]. ¿A que están chulas? -JC sacó de la caja envuelta unas típicas gafas protectoras de laboratorio, de estas que van ajustadas a la cabeza como si fueran de buceo, pero más discretas.
-Ah... pos mira, están chulas, sí.
Aun a riesgo de parecer un poco bordes, lo dejamos allí. Es decir... no puedo ponerme en la cabeza de mi colega, pero lo que yo pensé fue que tampoco había que hacer una fiesta de una bata, unos guantes, y unas gafas... El caso es que volvió el silencio, pero poco duró.
-¿Sabéis? -recomenzó JC-. Ahora miro a mi bata y... y... y me siento guay conmigo mismo. Es como... como que por fin siento que todo ese estudiar da sus frutos. -El muchacho miró a su bata embelesado.
-Me alegro, tío -le respondí.
-Igual es una tontería, pero... es que veréis. -JC dejó su amada bata sobre el sofá-. Cuando estaba en el instituto... bueno, os lo podéis imaginar: siempre hay unos cuantos idiotas, ¿no? De esos que se meten contigo porque te gusta esto o aquello, o porque tienen problemas en su casa. Gentuza de esta, ya sabes... -Comprendimos su mensaje, de modo que asentimos en silencio-. Y ahora... pues oye, que yo miro a mi bata, y me paro a pensar en aquellos indeseables. Me gustaría poder verlos ahora y decirles que vean mi progreso, porque ahora yo estoy aquí -JC alzó una mano sobre su cabeza- y ellos... ahí, en la mierda -añadió, señalando con la otra mano hacia el suelo-. En fin, chicos, os dejo con vuestras cosas. Voy a ordenar un poco todas estas cosas.
Con esas palabras, JC se metió en su cuarto y abandonó la escena. De más está decir que, tras la relativa indiferencia que veníamos mostrando, nos dejó con los ojos como platos, y con la boca abierta. Uffff... este JC...
Esta se sitúa casi al principio del curso, debía ser un día de las primeras dos semanas o así. Apenas conocíamos a JC, y solo nos había dado la impresión de ser un chaval muy formal y un poco especialito -cosa que puede ser cualquiera, y no es ningún crimen-, pero bueno... el caso es que era mediodía, y el friki y yo estábamos preparándonos para comer. A esto que sonó el *clac clac* de la puerta, y entró en escena nuestro particular compañero de piso.
-B-buenas tardes, chicos -saludó JC.
-Muy buenas -le respondimos.
-Mirad, mirad, a-acabo de venir de la ciudad, y resulta que... bueno, que vengo muy ilusionado. Me he comprado todas las cosas que nos pidieron para las prácticas el día de la presentación, y... y... pues aquí que las traigo je, je... -JC se adelantó, enseñándonos unos cuantos bultos. Entre ellos, destacaron una caja envuelta en su bolsa y una típica bata blanca de laboratorio.
-Ah, qué bien -le dije yo-. Bueno, no te quiero quitar la ilusión, pero como verás, nosotros tenemos colgadas las nuestras del perchero desde el primer día como una prenda más. Ya sabes... al principio te puede molar meterte en una bata de esas, pero al final te acostumbras y pierde la magia. -JC miró a nuestras batas sorprendido, como si fuera la primera vez que las veía.
-Ah... Comprendo... Bueno, claro, es normal.
-¿Qué más te han mandado comprar? -preguntó el friki.
-Bueno, no mucho más. Realmente solo me mandaron esto y unos guantes, p-pero... pero cuando me vi en la tienda, y vi la selección de productos de laboratorio... es que se me llenaron los ojos, así que me compré estas [no recuerdo cómo las llamó, pero dijo algo así como "gafas deflectoras de electrones"]. ¿A que están chulas? -JC sacó de la caja envuelta unas típicas gafas protectoras de laboratorio, de estas que van ajustadas a la cabeza como si fueran de buceo, pero más discretas.
-Ah... pos mira, están chulas, sí.
Aun a riesgo de parecer un poco bordes, lo dejamos allí. Es decir... no puedo ponerme en la cabeza de mi colega, pero lo que yo pensé fue que tampoco había que hacer una fiesta de una bata, unos guantes, y unas gafas... El caso es que volvió el silencio, pero poco duró.
-¿Sabéis? -recomenzó JC-. Ahora miro a mi bata y... y... y me siento guay conmigo mismo. Es como... como que por fin siento que todo ese estudiar da sus frutos. -El muchacho miró a su bata embelesado.
-Me alegro, tío -le respondí.
-Igual es una tontería, pero... es que veréis. -JC dejó su amada bata sobre el sofá-. Cuando estaba en el instituto... bueno, os lo podéis imaginar: siempre hay unos cuantos idiotas, ¿no? De esos que se meten contigo porque te gusta esto o aquello, o porque tienen problemas en su casa. Gentuza de esta, ya sabes... -Comprendimos su mensaje, de modo que asentimos en silencio-. Y ahora... pues oye, que yo miro a mi bata, y me paro a pensar en aquellos indeseables. Me gustaría poder verlos ahora y decirles que vean mi progreso, porque ahora yo estoy aquí -JC alzó una mano sobre su cabeza- y ellos... ahí, en la mierda -añadió, señalando con la otra mano hacia el suelo-. En fin, chicos, os dejo con vuestras cosas. Voy a ordenar un poco todas estas cosas.
Con esas palabras, JC se metió en su cuarto y abandonó la escena. De más está decir que, tras la relativa indiferencia que veníamos mostrando, nos dejó con los ojos como platos, y con la boca abierta. Uffff... este JC...
miércoles, 26 de septiembre de 2018
Re: Zero, o cómo desilusionar
Ayer me terminé Re: Zero, una serie que me tuvo bastante enganchado durante los primeros días. No voy a hacer una crítica como tal porque... ni me la merece, baste decir que me ha decepcionado mucho el desenlace. Tan solo haré una breve reflexión sobre lo que más me ha indignado (habrá matices de spoilers, ojo si tienes interés en verla, pues no es mala del todo):
Lo que empieza siendo una serie interesante y de trama inesperada (muy ingeniosa, y con un gran suspense), acaba tornándose en una historia de amor, si bien se ve desde el capítulo 1 que va a ser así. Me puse en guardia al ver que el tema del amor y los detalles kawaii se imponían sobre el resto pero, no obstante, cuando el personaje de Rem empieza a desarrollarse, me ganó por completo. Lo que empieza siendo un encoñamiento absoluto (y aquí hablo del tonto de Subaru y la estúpida de Emilia), termina siendo desplazado por otro enamoramiento mucho más lógico y admirable, una chiquilla que se enamora de alguien por cómo es, y no porque tiene el pelo blanco y sonríe mucho. Y sin embargo... tal como se declara, la friendzonean, y la pobrecita se lo come con patatas, con una sonrisa de oreja a oreja porque al menos sabe que aunque no tendrá a su amor, podrá ayudarlo a ser feliz desde el segundo plano. Hasta ahí... muy bonito, la verdad, me llegó hasta a mí, por muy triste que sea.
Pero claro... llega la necesidad de hacer la serie comercial. Un desfile de hombres gato, hombres perro, y hasta hombres perezoso entran en escena. La trama se tuerce y se jode de principio a fin, hasta el punto de que SABES que no quedan suficientes capítulos como para arreglarla. Total, que todo se soluciona de una forma muy anodina y acaba en que un amor de verdad se ve malogrado por un enchochamiento entre un tonto y una subnormal. Todo maravilloso. Japón... sigue intentando arreglar tu tasa de natalidad así.
Lo que empieza siendo una serie interesante y de trama inesperada (muy ingeniosa, y con un gran suspense), acaba tornándose en una historia de amor, si bien se ve desde el capítulo 1 que va a ser así. Me puse en guardia al ver que el tema del amor y los detalles kawaii se imponían sobre el resto pero, no obstante, cuando el personaje de Rem empieza a desarrollarse, me ganó por completo. Lo que empieza siendo un encoñamiento absoluto (y aquí hablo del tonto de Subaru y la estúpida de Emilia), termina siendo desplazado por otro enamoramiento mucho más lógico y admirable, una chiquilla que se enamora de alguien por cómo es, y no porque tiene el pelo blanco y sonríe mucho. Y sin embargo... tal como se declara, la friendzonean, y la pobrecita se lo come con patatas, con una sonrisa de oreja a oreja porque al menos sabe que aunque no tendrá a su amor, podrá ayudarlo a ser feliz desde el segundo plano. Hasta ahí... muy bonito, la verdad, me llegó hasta a mí, por muy triste que sea.
Pero claro... llega la necesidad de hacer la serie comercial. Un desfile de hombres gato, hombres perro, y hasta hombres perezoso entran en escena. La trama se tuerce y se jode de principio a fin, hasta el punto de que SABES que no quedan suficientes capítulos como para arreglarla. Total, que todo se soluciona de una forma muy anodina y acaba en que un amor de verdad se ve malogrado por un enchochamiento entre un tonto y una subnormal. Todo maravilloso. Japón... sigue intentando arreglar tu tasa de natalidad así.
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